jueves, 18 de octubre de 2012

Nicolás

Tus pequeñas pataditas fueron las primeras que sentí cuando los estábamos esperando. Cada mañana, cuando les cantaba y les hacía mimos a través de la panza, no dudabas en desperezarte dándome la tranquilidad de que todo estaba bien. Me hacía falta y te lo agradecía cada vez.
Fuiste el primero en nacer, el primero en contarme tus sueños balbuceantes, el primero en darse vuelta solito. En sentarse, en gatear, en aprender a caminar. El primero en tener uno, dos, tres y cuatro dientes. Eso sí, tardaste un mes más que tus hermanos en empezar a comer.
Eras un bebé tranquilo y sereno. Cuando pensaba que ya no podría seguir amamantándolos, vos te mantuviste fiel y constante y renovaste mis esperanzas.
Tuve los primeros indicios de cómo encararías cada cosa que hicieras cuando empezaste a caminar. A los nueve meses te sostenías del sillón o de las barandas del corralito y te desplazabas de una punta a la otra. Yo creí que en breve te tendríamos dando vueltas por la casa. Pero no. Tenías que asegurarte. Le hiciste a la gravedad todas las pruebas que creíste conveniente. Te quedabas paradito, te soltabas y te tocabas la panza. Más adelante, te parabas sin apoyo alguno y te volvías a sentar. Durante cuatro meses analizaste y mediste cada escenario posible y cuando cumplías trece meses decidiste que ya era hora. Muy pocas veces te tropezabas o caías. Tu paso era firme y seguro.
Cada cosa nueva que probás tiene que pasar primero por tu riguroso exámen. El primer día en la plaza te enojaste porque te paré en la arena. Pero cuando te senté sobre mi falda, de a poquito, te empezaste a hacer amigo. Te doblaste entero y apoyaste tus manitos, luego un pie. Los dos piecitos moviendose una y otra vez palpando y sintiendo el nuevo terreno. Bajaste de mi pierna, te sentaste en la arena sonriente y te alejaste de mi, gateando. No parabas de reirte y de moverte.
El mismo guión para cada escenario posible: la comida, la pileta, la calesita, el pelotero, el teatro, el cine. Ahora que ya te conozco me quedo tranquila. Sé que cuando salgas e incluso en otras ocasiones, varios días después, vas a contar entusiasmado cuánto te divertiste, todo lo que viste, lo mucho que te gustó. Pero las primeras veces tu actitud es siempre la de observador neutral, de visitante casual, de extranjero.
Siempre te gustó bañarte, te hago entrar primero y aunque salgas último y no quede ni una gota en la bañera, llorás porque se terminó el baño. Nunca te gustó sentarte a comer. Algunas veces te hacemos un circo y otras simplemente esperamos pacientemente a que te calmes y te decidas a probar un bocado.
Sensible a extremos incalculables: si el tono de voz cambió buscás la mirada, y si algo en ella te indica que existe una señal de enojo, tu llanto se desata incontenible. Si los ojos que ves te devuelven lo que esperabas, te reís con esa risa tierna y clara que enamora.
Apasionado por la música, desde bebé todo tu cuerpo se movía al ritmo de las notas. Ningún instrumento musical te ofrece resistencia: fácilmente le robás melodías a la flauta y a la armónica, ensayás graves y agudos, sonidos cortos y largos, débiles y fuertes. Tus dedos se deslizan suaves sobre el piano. Te fascinan las guitarras y los tambores. Te inventás las letras de las canciones y cantás como el tenor más aclamado. El mejor regalo que te hicieron fue un micrófono. No dejabas de hacer reverencias cada vez que apretabas el botón de los aplausos.
No sos muy amigo de las cosas que ensucian y se pegan en las manos, ni siquiera el algodón de azúcar logró convencerte con su dulce hechizo.
Desde pequeño nos mostraste que preferías ordenar los colores que pintar con ellos. Por la ventana de tu cuarto podés ver el tren. Debe ser que lo sentís tan tuyo, pienso yo, que no dejás de armar uno con lo que llegue a tus manos: trenes de bloques, de autitos, de crayones, de muñecos de peluche, de platos,vasos y cubiertos. Varias veces he logrado convencerte de comer con trenes de arvejas, de granos de choclo, de trocitos de milanesas, atravesando montañas de puré de papas y ríos de tomates. Si lo que ves te gusta, te animás a meterlo en tu boca. Del tiempo que llevo conociéndote, aprendí que puedo apelar a otros sentidos: te ofrezco una uva para que la hagas rodar por tu mejilla, o te pido que acerques un raviol a tus labios o que huelas la cucharita con guiso de lentejas. Unas veces funciona y otras no. Sos vos el que decide. Yo te ofrezco que pruebes, o lo intentes.
Te encanta correr, reirte, las cosquillas, los besos, los abrazos. Te dejás hacer mimos por periodos que cualquier otro bebé consideraría eterno y luego pedís más: "por aquí y por aquí."
Sos generoso, tanto que, lo confieso, he dejado escapar más de una lágrima emocionada. Nunca dudás regalarle a tus hermanos los últimos dos ositos que quedan en tu bolsa, y para quien no lo sepa, en esta casa, son el tesoro más preciado. Le has pedido que no llore a tu hermana porque se le acabó el postre, porque vos todavía tenías para compartir. Te he visto darles tu chupete en alguna emergencia bebuna.
Si de primera impresión alguien deduce que sos tímido, se equivoca. Sólo estás tomándote tu tiempo. Sos el payasín más gracioso del mundo. Cualquier cosa vale para hacer reír: gestos exagerados, vocalizaciones interminables, danzas con movimientos extraños de brazos y piernas. Pero lo que no tiene igual es tu capacidad de poner caritas, caruchas, caripelas... Sos un mago de la expresión facial. Desde bebé lo hacías. Para todo. Si algo no se ve bien, no huele bien, no te resulta agradable al tacto, inmediatamente tu nariz se frunce, tu boca se contorsiona, tus ojos se cierran y todo tu cuerpo se estremece. Si te gusta, tus inmensos ojos se iluminan, tu sonrisa se extiende de lado a lado de la cara, tus pómulos se levantan y tus hombros acompañan el movimiento.
Te gusta saberme cerca y la primera subida al tobogán o a la casita de madera, tiene el pedido seguro: "mamá, dame la manito". Me deshago de ternura y voy y te sostengo. Sé que talvez vuelvas a pedirlo la segunda vuelta y de ahí en más vas a subir y bajar corriendo y riéndote una y otra vez, buscándome con la mirada para compartir tu alegría.
Observador del mínimo detalle, sos capaz de descubrir cosas  que cualquiera pasaría desapercibidas. Atento. Sereno. A veces te cuesta expresar lo que sentís y te quedás serio y callado, pero no por mucho tiempo.
Sos un nene feliz. Que corre y juega y llama a sus hermanos para que lo acompañen y les propone nuevas formas de hacer los mismos juegos.
Estilizado y hermoso, tu pelito suave, tus ojos inmensos como dos soles y tu mirada profunda. Tus labios como cerezas, tu pera fina y delicada.  Mi niño dulce como el dulce de leche. Si te dormís pegadito a mí, tus manitos recorren mi brazo haciéndome cariño. Así me despertás por la mañana cuando querés que ya nos levantemos.
Bello y transparente. El ángel de mamá y mamá. Nuestro niño mayor. Nuestro niño adorado.
Mi maestro más paciente y más tenaz. Por vos he tenido que voltear mis pensamientos, darlos vuelta y reconstruirlos, para que sirvieran. Me has hecho más flexible, más tolerante, más humilde, más cariñosa. Ojalá pudiera ser tan generosa como vos, tan segura como vos, tan alegre como vos. Ojalá pudiera. Te admiro, de verdad te admiro. Y te amo profundamente. Quisiera que siempre tuvieras esto presente, para que aquellas veces en que me resulta difícil ser la mamá que necesitás y eso me enoje y me frustre, entiendas que no es con vos, es conmigo, porque quisiera ser mejor para vos y a veces, simplemente no puedo. Mi niño especial, mi niño de luz. Te amo y abrazo desde mi corazón. Gracias por existir mi Nico chiquito, gracias por hacerte presente en nuestras vidas, gracias, infinitamente gracias por el inmenso y maravilloso regalo de permitirnos transitar junto a vos esta parte del camino. Te amo.
 
 

martes, 16 de octubre de 2012

Gabriel

Cuando a las 16 semanas de embarazo nos dijeron que ibas a ser un niño, tuve que ponerte un nombre. Y digo que tuve que hacerlo porque no quisiste que fuera de otro modo. Estuve dando vueltas y vueltas en la cama y vos revoloteando. Finalmente fui a decirle a tu otra mami, que por esas noches no podía dormir demasiado, que quería que te llamaras Gabriel, si a ella le gustaba. Y te quedaste tranquilo y me dormí inmediatamente.
 
Hasta que naciste, cada vez que te movías mi panza parecía desafiar todos los límites perimetrales. Estabas aquí y al otro segundo allá y nuevamente por aquí. No parabas. No pasabas desapercibido.
Llegaste a casa dos días después que tus hermanos. Te quedaban aún varias dosis del antibiótico que te dieron. Sufrí cada uno de esos pinchazos. A veces seguías llorando por horas  y no había arrullo ni canto ni abrazos que calmaran tu angustia. Tu sonrisa de bebé pequeño y regordete me tenía loca de amor. Siempre querías que estuviera con vos, que sostuviera tu manito. Incluso tomando el pecho o la meme no podía soltarte porque dejabas de comer.
A los cuatro meses te diste la vuelta carnero y te arrojaste fuera del huevito. No te puedo explicar el miedo que tuve de que algo te pasara. Fue mi primera corrida a emergencias con vos en brazos. No me imaginaba por ese entonces que conoceríamos las clínicas de todos los sitios donde fueramos de vacaciones o que a los dos años ibas a salir con un yeso en el brazo luego de una de esas visitas.
A los siete meses gateabas, reptando, por todos lados. Ibas a visitar a la Pelu atravesando el túnel de sillas debajo de la mesa. Te salías de cualquier lugar donde te pusiera. Abrías los cajones que estaban a tu alcance. A los ocho meses, tu abuela te sentó enfrente y te arrojó una pelota haciéndola rebotar una vez a mitad de camino. Cuando se la devolviste del mismo modo, pensé que podría ser casual, pero tuve que abandonar la idea cuando repetiste el movimiento una y otra vez. Hacías el "que linda manito" con un estilo flamenco que convocaba multitudes a tu alrededor en cualquier paseo.

A los quince días de ver a tu hermano caminando, decidiste que ya era hora y sin más preámbulos te paraste apoyando la espalda en el corralito, brazos en alto y saliste hacia adelante. Uno, dos, tres, cuatro pasos, veloces como el rayo y aterrizaje forzoso continuado. No te importó. Incluso ahora cada vez que corrés te tengo que recordar, muchas veces a los gritos para que me escuches porque ya vas muy lejos, que no te olvides de mirar hacia adelante.

Si cuando pedíamos una pizza y venían las aceitunas con carozo, nos apresurábamos a quitarlas para que ustedes no las pidieran, vos metías tu pequeño dedito en el hueco de la muzzarella y nos mirabas mostrándonos que te habías dado cuenta de todo.
 
Luego de un año de haber visitado a mi padrino en su finca, lo esperaste a él y sólo a  él para pedirle que te volviera a subir a ese árbol, como la última vez. Te acordás como nos sentamos todos a la mesa aquella noche que vinieron los tíos a comer. Y que Nico preparó bombones cuando estábamos de vacaciones y vos no, porque dormías y después lloraste porque porque vos querías "cocinarlos", pero te los comiste igual.

Te iluminás pintando, no parás de cantar y bailar y todo tu cuerpo expresa la felicidad que sentís al hacerlo. Te gusta probarlo todo, todo, todo. Por eso aún ahora tengo que estar pendiente de qué cosas te metés en la boca. Sos el primero en proclamarse voluntario para ayudar en cualquier tarea doméstica: limpiar, barrer, llevar cosas de un lado a otro, acomodar zapatitos en el bolso de viaje, emparejar medias. Y lo que más te gusta es ayudar a cocinar: lavar verdura, guardar la verdura cortada, pelar choclos, desgranar arvejas, amasar, revolver, untar las tostadas. Cualquier cosa que parezca un micrófono te impulsa a improvisar una canción y montar el show: ademanes, baile, ladeos de cabeza, extender los brazos y gritar aclamándote en un "bravo" para terminar.

Tus ojitos de cielo, tu pelito rubio y suave,  tu nariz de porotito. Tus manitos y tus pies son una copia diminuta de los míos. Sos un bebé hermoso. Mi bebé hermoso, mi bomboncito de chocolate blanco.
 
Afectuoso y cálido. Intenso, vibrante y enérgico. Sensible desde el corazón hasta la piel. Tu cuerpo y tu cabeza se mueven a un ritmo difícil de acompañar. Simpático y sociable. Te cuesta detenerte, los besos se pueden transformar en mordiscos, los abrazos en apretones y un llanto en serenata inconclusa. Tu risa suena como mil campanitas en el aire. Asiduo visitante de la cama grande, no lográs conciliar el sueño sin una mano agarradita, sin un abrazo. Si el insomnio se vuelve compañero nada de eso alcanza: ténes que usarnos de colchón y de almohada.  Te das vuelta y un beso. Y otra vuelta más. Y las patitas arriba. Y las patitas abajo. Y otro beso.  Algunas siestas te miro dormido, te acaricio la cabeza, mido que el largo de tu fémur aún entre mi meñique y mi pulgar, si estiro mucho los dedos. Eso me devuelve la conciencia de que sos aún chiquito, porque has crecido tanto hijo mío, que a veces me confundo.
 
Te amo, te amo infinitamente, intensamente. Desde las venas y desde el alma. No puedo hacerlo de otro modo. Te amo libre y también apretadito a mí. Amo tu modo de ser y de hacer las cosas. Amo todo lo que nace de vos. Me moviliza tu pasión y tu fuerza. Tu impulso creativo, tu mirada inteligente. Me conocés de aquí a la luna, ida y vuelta. Tenés la capacidad de sorprenderme siempre.
 
Gracias hijo mío, por darnos la oportunidad de tenerte con nosotras, de cuidarte, de verte crecer, de ir conociendo el ser maravilloso y especial que sos. Gracias por regalarnos tu amor sin límites, sin condiciones. Tenemos tanto que aprender de vos. Mi dulce bebé, mi principito, mi amor, mi cielo. Gracias hijito precioso. Te amo.
 
Pintando su mural, un brazo enyesado no es excusa
 
 
 



lunes, 15 de octubre de 2012

Sofía

Te vi nacer. Vi como te alzaste de mi vientre, con tus piernitas cruzadas y pegaditas al cuerpo. El médico que te recibió te trajo a mí y te apoyó sobre mi pecho. Estabas toda envuelta, pero una de tus pequeñas manitos quedó libre y te la llené de besos sin dejar de mirar ni por un instante tu hermosa carita. Me enamoré de vos inmediatamente. Te quedaste un ratito conmigo hasta que te llevaron a encontrarte con tus hermanos y tu otra mami, que ya estaba allí, cuidándolos.
Naciste un jueves, que era día de visita de abuelos en la clínica, así es que los tres te conocieron prontito y mamá te sacó una foto para que pudiera verte. Pasaron muchas horas y una noche infinita hasta que te pusieron en mis brazos y lo primero que hiciste fue atrapar uno de mis dedos con tu mano diminuta. Mi pequeña hija, tan bella, tan pequeña, tan soñada, tan mía.
Llegaste a casa con Nico, Gaby se tuvo que quedar unos días más. Yo estaba dividida, mi corazón partido. Tenía tanto miedo. Se levantaron al día siguiente con un moco cada uno y lloré desesperada pensando que me obligarían a llevarlos de nuevo, pero no fue así, afortunadamente.
Los primeros meses llorabas mucho y costaba calmarte. Siempre dije que algo te pasaba y tu otra mamá te decía que ya tenías abogada (y un poco ha resultado cierto). A los cuatro meses tuvimos que internarte por un episodio de reflujo y cuando te dieron la medicación que necesitabas, de pronto tu humor cambió y empezaste a ser la bebé que yo sabía que eras.
Empezaste a jugar muy pronto con tus juguetes y tus deditos habilidosos eran capaces de sorprendernos a diario con sus logros. Cuando tus hermanos gateaban ya, no tenías ganas de moverte y te quedabas sentada, jugando tranquila, hasta que un día una galletita quedó fuera de tu alcance y descubrimos que era el estímulo que necesitabas.  Te reías de una forma tan linda que contagiaba a todos. Siempre tenías una nueva ocurrencia.  En el verano siguiente a tu primer cumpleaños viajamos a la casa de la abuela. Apenas dabas tus primeros pasitos. Te llevé a la plaza donde yo misma aprendí a caminar y de allí saliste, como una bailarina con tus bracitos hacia arriba y tu pollerita con volados, recorriendola por entero.
Tus besos de conejo, de haber cotizado en bolsa, nos hubieran hecho millonarias.
Todo lo aprendías muy rápido, que donde estaba la cabeza y donde el ombligo, que donde los pies y donde las manos. Fuiste la primera en hacer recados, recuerdo una vez mientras cambiaba a tu hermano que no dejaba de llorar y te pedí si podías traerle un chupete. Te levantaste y buscaste por todos lados, te agachaste a mirar bajo la mesa y también bajo el sillón, ni siquiera sé donde lo hallaste pero viniste a mí, con tu sonrisa triunfal y el chupete bien agarradito en tu mano regordeta.
Siempre te gustó hacer las cosas por vos misma: comer solita, sacarte los zapatos, bañarte con la esponja, desvestirte por completo y ahora vestirte también.
Me impresionó la primera vez que te escuché cantar una canción de varias estrofas sin equivocarte ni saltearte un pedacito. No sabía que podías hacerlo.
Mi niña traviesa, ocurrente, bromista. Mi niña infinitamente dulce y cariñosa. Mi niña inteligente de ojitos chispeantes. Mi niña risueña. Mi niña de carácter fuerte, desatadora de huracanes y tormentas. Expresiva, sensible y empática, nada te pasa al lado sin que lo adviertas y nos los muestres al detalle.
Mi niña hermosa, tan bella tan bella tan bella... la más linda de todas mis muñecas. Tus grandes ojos de pestañas interminables, tu boquita rosada y pequeña, tus rulos desobedientes y empecinados, tus manos, tus pies, tu ombligo... no hay nada de vos que no me guste, mi niña.
Me gusta el modo en que me mirás y me abrazás y me decís "te amo mamita". Me gusta cómo se ilumina tu carita cuando descubrís algo nuevo. Me gusta incluso cuando te mostrás firme o cuando te enojás y ponés el entrecejo fruncido y una trompa que te comería a besos.
Te amo mi niña pequeña, mi princesa adorada. Te miro y te disfruto y me emociono con la luz que trae tu presencia a mi vida. Todos los días aprendo algo gracias a vos. Te agradezco desde el fondo de mi alma que nos hayas elegido para ser tus mamás. Te amo mi Sofi, te amo hija mía.


 

domingo, 14 de octubre de 2012

Tomo la palabra...

-Mamá, quiero meme...
Me quedo pensando si a la hora que es  puedo darle su leche o si le pido que espere hasta la cena.
-Escuchame mamá, quiero meme!
-Te escuché hijo, no te contesté porque estaba pensando...
-Ah, si, perdón. Quiero meme!
 
Este diálogo ocurrió hace apenas unas horas y da muestra suficiente de como la adquisición del lenguaje por parte de los niños se ha instalado en la vida cotidiana.
Ya no más adivinar que están pensando, qué quieren, que necesitan. Si les duele algo, que donde les dolerá. Ya no. Ahora te lo dicen todo. Sólo hay que preguntar. O ni siquiera eso, y algunas veces, pero sólo muy poquitas, los quisieras muditos de nuevo.
 
Mis niños no fueron de los que hablan al cumplir al año, y no digo que tenga que ser así pero conozco varios niños cercanos que sí lo hicieron. Algunas palabritas sueltas talvez, y a media lengua, muy escasas. Nunca me preocupó, porque sabía que aprender a hablar implica primero comprender el lenguaje, interiorizarlo y recién después, expresarlo. Era evidente que podían entender casi todo lo que les decíamos. Casi antes de aprender a caminar, que fue entre los 13 y los 14 meses, ya reconocían las partes básicas del cuerpo y las señalaban al nombrarlas, hacían pequeños recados como alcanzar un chupete a un hermano o traer sus zapatitos para calzarlos. A los dieciocho meses las  uniones de palabras constituían sus primeras oraciones, que los llenaban de orgullo.
 
A los dos años no habían demasiados avances en la expresión oral, salvo la incorporación de nuevos vocablos, pero sí ya nombraban casi todas las partes del cuerpo incluyendo muchos detalles como ojos, orejas, nariz, boca, codo, rodilla, cuello, espalda, nuca, pecho. Empezaron a mejorar mucho a partir de allí, sobre todo con las canciones, disfrutan mucho cantar y lo hacen todo el tiempo. Era notable como sonidos ininteligibles de pronto se parecían a los que daban sentido a los versos.
 
Pero desde los dos años y medio hasta ahora (que ya estamos a un mes y medio del tercer cumpleaños) el ritmo ha sido exponencial. Día tras día aprenden palabras nuevas a fuerza de preguntar por todo y escuchar atentamente, mejoran el uso de los tiempos verbales y aplican bastante bien los adverbios de modo, de tiempo, de lugar. La niña les llevó la delantera siempre en este aspecto y aún hoy lo sigue haciendo, pero los dos varones ya se le acercan bastante.
 
Es normal ahora que si les dices: "estuve mirando tal cosa"  ellos te pregunten "lo miraste?" o si se les pregunta "levantaste tu juguete?" respondan, "si lo levanté"... Hace muy poco la respuesta era en la misma persona que se formulaba la pregunta, por ejemplo "te duele tu pancita?" "si te duele tu pancita"...
Aceptan las correcciones y las asimilan prontísimo: me cuentan que pusieron un juguete en un estante diciendo orgullosamente "lo puní yo solo/a", si les digo "se dice "lo puse"", repiten la frase corregida "viste mamá, lo puse yo solo/a"...
 
Es común que relaten historias sucedidas en el pasado y sean hace una semana, un mes o unas horas, siempre dicen "ayer". Para todo lo que va a suceder en el futuro, no usan el "mañana", sino que dicen "el lunes" o "a la tarde"... 
 
Ya dan referencias de cosas que estaban sucediendo en el momento en que algo importante ocurrió "estábamos en el tren y comiendo "tatitas" de chocolate y yo me caí y me lastimé la pierna" le contó mi hija a su abuela.
 
Como mi mamá y mi hermano viven a 1000 km de distancia, hablan con ellos por teléfono frecuentemente: les cantan canciones, les cuentan cosas y responden todas las preguntas. Suelen terminar con un "te amo abuela" o "te amo tío" para que ambos caigan rodando por el suelo.
 
Ahora se les ha dado también por usar diminutivos para muchas cosas, sobre todo cuando quieren hablar cariñosamente. A veces quedan palabras inventadas y son muy graciosas.
 
Otra novedad es que empezaron a usar el plural para nombrarnos a las dos, ya dicen "mamás" "mamis" o "mamitas"  pero lo combinan con los verbos en singular, suena muy tierno: "mira mamitas la prueba que hago" y está con la cabeza en el piso y una pierna levantada.
 
Son muy divertidos los diálogos que inventan con sus muñecos y ya están empezando a crear sus guiones y drigirlos "vos andá para allá primero y yo me asusto"...
 
Usan algunas palabras que no son muy sencillas, como por ejemplo "sosteniendo", "adecuada", "oportunidad"... y las usan bien. No dejan de sorprenderme... El otro día le pedí a uno de los niños que fuera mi ayudante para sacar algunas cosas que quedaron debajo del sillón. Lo intentó sin éxito y me dijo "no puedo, no lo alcanzo", se quedó pensando y me dijo "esperá mamá" y fue a buscar un pedazo de flota-flota que usan de tobogán para los autitos y lo usó para sacar las cosas empujándolas. "yo no lo alcanzo pero "trají" esto y si lo alcanzo" con una sonrisa que le cubría toda la carita.
 
El otro día me preguntaron que era eso, señalado la visagra de la puerta: dudé un segundo, pero se me complicaba más explicarles el concepto que decirles bien el nombre "es una visagra". Para mi sorpresa lo repitieron perfectamente "visagra". Y al minuto: "mamá, la visagra sirve para cerrar la puerta?" Dependiendo del interlocutor puede ser "puerta" "perta" o "pelta" no es que todos pronuncien correctamente todas las palabras, pero ya se les entiende muy bien, salvo que estén llorando o muy acelerados, claro.
 
Usan el "por favor", el "gracias", el "de nada", el "buen provecho". Y  cada vez que nos sentamos a comer, me dicen "gracias mamá por cocinar" y en aquellos días que estoy muy cansada, puede ser realmente reconfortante ese reconocimiento.
 
Cantan algunas canciones en inglés, en su muy particular fonética y cuando escuchan hablar un poco extraño ya preguntan si es "en inlés" o "en español" y del mismo modo me indican en que idioma prefieren ver sus dibujitos, lo que cambia continuamente y más dificil aún es que todos coincidan en la preferencia temporalmente.
 
Seguramente me estoy olvidando muchas cosas, sobre todo lo del principio, pero tenía ganas de escribir sobre esto porque más adelante talvez me acuerde menos todavía. Y esto que ahora les comparto, tiene la intención además de ser testimonio para cuando ellos puedan leerlo o me pidan que lo haga. A mí me encantaban todas las historias que mi mamá me contaba de cuando yo era chiquita y creo que a ellos les gustará mucho también.
 
Así que para ellos, mis tres hermosos parlanchines, esta entrada que espero, disfruten algún día...
 
 
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