sábado, 13 de octubre de 2012

Trillicidades I

Hermanos, amigos, cómplices. Dulces y cariñosos. Traviesos y rebeldes. Ocurrentes. Aquí una recopilación de hechos, diálogos, travesuras que los muestran de cuerpo entero. Tan suyas que no pude más que titularlas de este modo...

  • Uno de los niños, con su plato de comida a medio empezar y la mejor carita de puchero que se imaginen: "Mamá, me siento muy, muy mal"... "me das postre?" Cuando terminé de reirme le expliqué que el suyo no era un buen argumento :)
  • "Vos sos mi bebé chiquito y yo tu mamá, si?"
    Los escucho desde la cocina y pienso: Qué adorables!
    Hasta que escucho el sonido inconfundible de los velcros del pañal y corro para descubrir que la señorita y su hermano están jugando a que ella le cambia los pañales.... jajaja!!!  Ooooommmmmmmmmmm!!!!
  • Están jugando a que van a dormir, entonces dos se acuestan en L y uno hace de madre, les cantá el "arrorró mi niño" y les dice, a uno y a otro: "tranquilo, dormite, dame la manito, acá estoy yo"
  • Mi niña se me acerca y me huele intensamente, sonríe y me dice "mmmhhh que rico olorcito". Y yo: "si? y a qué huele?". Ella: "a mamá"
    Cucharita para juntarme del piso...
  • Yo: "está bien el agua?" (del baño)
    Uno de ellos: "si mamá, no fría, no caliente...."
    Coro de tres: "adecuada!!!"
    Esta se la debo a Mickey Mouse y el episodio del "Hipo de Donald" :)
  • Después de la cena, mi niña hizo unos pucheritos porque se había terminado su flancito y no quedaba más. Entonces su hermano, aún a la mitad de su postre, le dijo "no llores,  yo te convido un poquito" mientras le extendía una generosa cucharita. Los dos terminaron a las risas y con una carita de felicidad increíble.
  • Un día que yo estaba triste, se me acercaron los tres y uno me dijo: "mamá, te duele algo?". Les expliqué que sentía mucha tristeza "Ahhh, pobrecita". Me dieron unos besos tan dulces y tiernos y luego me dijeron "mejor?". Están convencidos del poder curativo de los besos. Y yo.
  • Pareciera que a los niños ya empieza a molestarles que gente extraña se acerque a hablarles por el hecho de ser trillizos. Una señora quería a toda costa saber cómo se llamaban, nosotras dejamos que ellos contestaran. Dos lo hicieron con timidez y el tercero permanecía callado. La señora siguió insistiendo y le decía "y vos cómo te llamás?" "NADIE" respondió el pequeño :)
Tengan por seguro que este puñado de anécdotas no es más que eso, un puñado. Como estas hay otras cientas. Ya les seguiré contando...


viernes, 12 de octubre de 2012

Patitos al agua...

La semana pasada los peques empezaron natación. Yo quería aprovechar el impulso de las vacaciones que tomamos en Agosto, donde pudieron disfrutar mucho del agua, pero por distintas razones, no pudimos hacerlo hasta ahora.
Como estaban en el límite superior de los bebés y en el límite inferior de los niños pequeños, la profesora me dio a elegir en cual de las clases queríamos estar. En la primera los niños están en el agua con el adulto que los acompaña y en la segunda, están los niños solos pero el adulto puede entrar con ellos a la zona de piletas y quedarse sentado al borde mientras están en el periodo de adaptación. Sin pensarlo, le dije que mejor en la primera, ya que no sabía cómo podían reaccionar estando yo fuera. En la vuelta de correo me entero que es un adulto por niño, con lo cual, descartada la clase de bebés y tuvimos que tomar la de los niños.
Debo decir que estaba algo nerviosa, pues no quería que se fuesen a sentir mal o inseguros, cuando les conté cómo iba a ser la clase, me decían: "no, las profes no, mamá en la pileta". Les aseguré que se iban a divertir, que no iban a tener que hacer nada que no quisieran, que yo iba a estar ahí, al ladito y que si algo no les gustaba, podíamos probar otra vez, que a veces de primera puede que algo no nos guste y más tarde sí. No los convencí demasiado, pero allá fuimos.
Gratamente debo decir que mis preocupaciones estuvieron demás. Durante su primera clase, dos profesoras se dedicaron por completo a ellos y dividieron la pileta para que tuvieran su espacio particular. Ni siquiera les dijeron "entren al agua", simplemente pusieron juguetes, como molinos de agua con embudos y regaderitas para que ellos hicieran girar las aspas al volcar el agua. Cuando se acabó el contenido de la regadera,  fueron entrando uno a uno a la pileta por su recarga. El que más tardó en entrar debe haber demorado unos cinco minutos desde que nos acercamos al borde. Jugaron a soplar burbujas y por turnos cada uno tragó un poco. Se asustaron, tosieron, vinieron por un abrazo y un beso de mamá... y volvieron a la pile!!! Siguieron jugando, primero en el escalón inicial (el agua les llegaba a las rodillas) y luego bajaron, con el agua a la pancita. Juntaron pescaditos de plástico del fondo y se les mojó la nariz y la frente y cuando llegó la hora de juntar pelotitas flotantes, caminaron hasta el fondo, con el agua por el cuello. Ninguno quiso salirse y una vez fuera, tuve que perseguir a dos que querían volver a entrar.
Disfruté tanto. Los sentí cómodos, libres, absortos y divertidos. Respetados. En sus tiempos, en sus ritmos, en sus modos. Yo había pensado que el primer día no les iba a tomar fotos, para tener toda mi energía disponible para ellos, pero la verdad es que sólo necesitaban saber que estaba ahí, así que pude sacar mi cámara y retratarlos. Aquí los tienen...



 
 

jueves, 11 de octubre de 2012

Somos un poco salvajes, lo confieso...

Debo admitirlo, no hay mejor plan para esta familia que pasarla al aire libre. 
El lugar favorito es el campo del abuelo, porque allí pasamos varios días y dormimos todos en un mismo cuarto. El olor a tostadas con manteca, a naranjas maduras, a tierra húmeda. El horizonte accesible y lejano, interrumpido apenas por una fila de árboles diminutos. El sol con sus bostezos  y la luna imponente haciendo brillar las aspas del molino como si fueran de plata. Las flores silvestres y los tréboles. Los caballitos vecinos. Los paseos "de exploradores". La visita al almacén-pulpería. Cada una de estas cosas es una invitación al disfrute, a la celebración de lo simple.
Nuestros niños duermen dentro de una carpa al lado de nuestra cama, con sus linternas a un lado. Se levantan antes de que salga el sol y una vez afuera no paran de correr, de abrir canillas y mojarse una y otra vez la ropa, de juntar piedritas, de perseguir a la Pelu que creo que aquí lo soporta de más ánimo. Cada tanto hay un golpe, un raspón, una caída. Una huída frenética y despavorida ante el ataque de una mosca feroz que vaya a saber uno que piensan que podría hacerles. Tierra, pegotes, cabellos alborotados. Todo forma parte de la experiencia de respirar aire puro y cobijarse bajo ese cielo azul y cristalino.








Con septiembre nos llegan los tiempos cálidos, los primeros brotes, el sol acogedor. Los fines de semana aprovechamos esos beneficios paseando en familia. El último de los sábados compartimos una jornada en "La Choza", un emprendimiento de cultivo biodinámico y producción orgánica de lácteos, auspiciado por el cole donde entrarán los niños el año próximo. Fue la  Fiesta de la Primavera. El almuerzo fue una degustación de deliciosos platos y jugos naturales, luego recorrer el lugar, subir a los árboles, participar en numerosos juegos. Hubo músicos y bailarines. Visitamos a las ovejas y a las vacas, pero sólo a las pequeñas, porque las grandes hacen "muuuuu" muy fuerte y no les gusta nada eso. Cuando llegamos al cuento de mesa el plan había sido demasiado largo para los enanos y tuvimos que irnos antes de que terminara.



Al día siguiente teníamos plan de conocer el Parque de la Costa, que tiene juegos para todas las edades, obras de teatro y musicales para niños y está a la vera del río, así que se pueden ver desde allí pequeñas embarcaciones. Pero al llegar había una cola de gente que llegaba a dos cuadras de la entrada, así que hubo cambio de planes y decidimos hacer el recorrido del Tren de la Costa.  El tren hace  distintas paradas y te puedes subir y bajar cuantas veces quieras. Elegimos tres destinos y en uno almorzamos y descubrimos una fuente y un castillo (que resultó ser una iglesia). En el otro los peques disfrutaron de un chupetín a orillas del río y jugaron en columpios y treparon tronquitos. En el tercero recorrimos una feria de antigüedades y en retrospectiva no fue un plan interesante para los niños. Pero las galletas de chocolate y el jugo de naranjas compensaron. Ya el paseo en tren constituía una aventura y a la vuelta, más confiados, quisieron sentarse los tres juntos pero "solos", en el asiento frente a nosotras.

















Están tan grandes nuestros niños, se los ve tan felices corriendo delante y volviéndose sólo para sonreirnos y hacernos parte de su aventura, descubriendolo todo, experimentándolo todo... Qué importante es que puedan hacerlo, que importante es que se puedan encontrar espacios donde eso sea posible y seguro... Ya cada vez nos quedan menos razones para quedarnos en la ciudad y encontramos más y más atractiva la idea de mirarla desde fuera.
 
Y es que somos un poco salvajes, lo confieso...

miércoles, 10 de octubre de 2012

Deudas inéditas

Tengo un poco abandonado este espacio.
Se imaginarán los motivos pero si quieren, puedo darles tres...
De todos modos, y para comprometerme a mí misma, he venido a contarles que tengo siete entradas a medio esbozar en mi pensamiento y al hacerlo público aquí, acabo de extender el compromiso. 
Sí, son siete. Y lo sé porque esta noche he escrito los títulos de todos, para recordarme acerca de qué he querido escribir, para cuáles entradas he sacado fotos, aquello que de ningún modo me debo olvidar.
No puedo seguir postergándolo, así que mañana mismo empiezo a saldar cuentas.
Uno por día. Prometido.
Me dan ánimos en la tarea?
 
 
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