viernes, 31 de agosto de 2012

Querido cuerpo

Vaya, vaya.. aquí estoy pensando en cómo titular esta entrada que aún no se desarrolla del todo en mis pensamientos...
Y es que quiero hablar de algo que puede parecer un poco extraño para mi blog, pero no lo es tanto. Se trata de cómo me siento orgullosa de mi cuerpo. Aquí algunos pensarán que he seguido una buena dieta y estoy con una silueta de modelo a casi tres años de mi parto triple, pero no.
Soy una persona de estatura media, a quien suelen preguntarle si está esperando otro niño y a veces me ha tomado por sorpresa que me hagan adelantar en una fila o me cedan el asiento... Talla? Como aquí no vamos mucho de números, diré que soy entre XL y XXL según la prenda, corte y confección... En fin, una señora gordita y con pancita de unos 4-5 meses de un embarazo de un solo niño... y con bastantes estrías, que no muestro, para qué impresionar.
Y entonces a qué viene esto, se preguntarán... Pues bien, a que muchas veces estuve enojada, con mi cuerpo y conmigo. Con él por no estar en forma y conmigo por ser la responsable de ello. Irracional, claro, que sólo debería enojarme conmigo en todo caso.
Recuerdo el momento de mayor encono: durante la lactancia de mis hijos. Por qué no podía producir toda la leche que mis niños necesitaban? Por qué? Lo sentía como un castigo, como una falencia de mi cuerpo, como una mala jugada. Hice todo lo que me dijeron, lo que leí, lo que exigí en distintas consultas y nunca afloró el manantial. Sin embargo pude amamantar a los tres bastante más allá de sus seis meses.
Creo que casi un año más tarde, contándole a alguien de mi embarazo, del peso de mis niños, de lo lejos que llegaron en su gestación, tuve una idea -o una sensación tal vez- absolutamente reveladora: mi cuerpo era maravilloso. Sí, así mismo como lo leen, era maravilloso porque había tenido la capacidad de llevar a tres niños en un embarazo tranquilo y sin complicaciones, hasta un punto que sorprende a muchos. Nunca me enfermé ni tuve contracciones ni tuve que guardar un reposo absoluto. De hecho, caminé dos cuadras del consultorio del obstetra a la clínica para internarme la tarde previa a su nacimiento, con más de 14 kg en mi panza y un total de 25 kg totales sumados al peso de mi cuerpo. Podrá parecer que no es tanto, pero lo es. Cualquier mujer embarazada y cualquiera que haya estado a su lado sabe como el cuerpo es exigido en ese periodo. Si el embarazo es múltiple, la exigencia es mayor.
Luego de que mis niños nacieran, mi cuerpo quedó bastante más ancho que lo usual, pero la principal ventaja es que siempre hay lugar para los tres en mi regazo.
Debe hacer un año ya de este descubrimiento, de este volver a hacerme amiga de mi cuerpo. Y si hoy le dedico esta entrada es porque volví a sentir esto hace apenas unos días. Llevo ya tres clases de yoga, que practiqué hace siete años y desde allí, salvo por unas esporádicas clases en un gimnasio de aeróbicos, hace cinco años, no volví a ejercitarme. Bueno, es un decir con tres niños correteando por la casa que una no hace ejercicio, pero al menos nada formal.
Y que pasó? Que nuevamente mi cuerpo hizo su milagro... se acordó de cosas que yo ya no. Me mostró su memoria y volvió a asombrarme con su flexibilidad y su fuerza. No digo que las clases hayan sido las de una yogui experta ni mucho menos, pero sí estuvieron muy lejos de mis expectativas. Incluso los efectos posteriores me asombraron.
Así que aquí estoy, ofreciéndole estas líneas como muestra de mi agradecimiento. Sé que le llegarán...


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