jueves, 18 de octubre de 2012

Nicolás

Tus pequeñas pataditas fueron las primeras que sentí cuando los estábamos esperando. Cada mañana, cuando les cantaba y les hacía mimos a través de la panza, no dudabas en desperezarte dándome la tranquilidad de que todo estaba bien. Me hacía falta y te lo agradecía cada vez.
Fuiste el primero en nacer, el primero en contarme tus sueños balbuceantes, el primero en darse vuelta solito. En sentarse, en gatear, en aprender a caminar. El primero en tener uno, dos, tres y cuatro dientes. Eso sí, tardaste un mes más que tus hermanos en empezar a comer.
Eras un bebé tranquilo y sereno. Cuando pensaba que ya no podría seguir amamantándolos, vos te mantuviste fiel y constante y renovaste mis esperanzas.
Tuve los primeros indicios de cómo encararías cada cosa que hicieras cuando empezaste a caminar. A los nueve meses te sostenías del sillón o de las barandas del corralito y te desplazabas de una punta a la otra. Yo creí que en breve te tendríamos dando vueltas por la casa. Pero no. Tenías que asegurarte. Le hiciste a la gravedad todas las pruebas que creíste conveniente. Te quedabas paradito, te soltabas y te tocabas la panza. Más adelante, te parabas sin apoyo alguno y te volvías a sentar. Durante cuatro meses analizaste y mediste cada escenario posible y cuando cumplías trece meses decidiste que ya era hora. Muy pocas veces te tropezabas o caías. Tu paso era firme y seguro.
Cada cosa nueva que probás tiene que pasar primero por tu riguroso exámen. El primer día en la plaza te enojaste porque te paré en la arena. Pero cuando te senté sobre mi falda, de a poquito, te empezaste a hacer amigo. Te doblaste entero y apoyaste tus manitos, luego un pie. Los dos piecitos moviendose una y otra vez palpando y sintiendo el nuevo terreno. Bajaste de mi pierna, te sentaste en la arena sonriente y te alejaste de mi, gateando. No parabas de reirte y de moverte.
El mismo guión para cada escenario posible: la comida, la pileta, la calesita, el pelotero, el teatro, el cine. Ahora que ya te conozco me quedo tranquila. Sé que cuando salgas e incluso en otras ocasiones, varios días después, vas a contar entusiasmado cuánto te divertiste, todo lo que viste, lo mucho que te gustó. Pero las primeras veces tu actitud es siempre la de observador neutral, de visitante casual, de extranjero.
Siempre te gustó bañarte, te hago entrar primero y aunque salgas último y no quede ni una gota en la bañera, llorás porque se terminó el baño. Nunca te gustó sentarte a comer. Algunas veces te hacemos un circo y otras simplemente esperamos pacientemente a que te calmes y te decidas a probar un bocado.
Sensible a extremos incalculables: si el tono de voz cambió buscás la mirada, y si algo en ella te indica que existe una señal de enojo, tu llanto se desata incontenible. Si los ojos que ves te devuelven lo que esperabas, te reís con esa risa tierna y clara que enamora.
Apasionado por la música, desde bebé todo tu cuerpo se movía al ritmo de las notas. Ningún instrumento musical te ofrece resistencia: fácilmente le robás melodías a la flauta y a la armónica, ensayás graves y agudos, sonidos cortos y largos, débiles y fuertes. Tus dedos se deslizan suaves sobre el piano. Te fascinan las guitarras y los tambores. Te inventás las letras de las canciones y cantás como el tenor más aclamado. El mejor regalo que te hicieron fue un micrófono. No dejabas de hacer reverencias cada vez que apretabas el botón de los aplausos.
No sos muy amigo de las cosas que ensucian y se pegan en las manos, ni siquiera el algodón de azúcar logró convencerte con su dulce hechizo.
Desde pequeño nos mostraste que preferías ordenar los colores que pintar con ellos. Por la ventana de tu cuarto podés ver el tren. Debe ser que lo sentís tan tuyo, pienso yo, que no dejás de armar uno con lo que llegue a tus manos: trenes de bloques, de autitos, de crayones, de muñecos de peluche, de platos,vasos y cubiertos. Varias veces he logrado convencerte de comer con trenes de arvejas, de granos de choclo, de trocitos de milanesas, atravesando montañas de puré de papas y ríos de tomates. Si lo que ves te gusta, te animás a meterlo en tu boca. Del tiempo que llevo conociéndote, aprendí que puedo apelar a otros sentidos: te ofrezco una uva para que la hagas rodar por tu mejilla, o te pido que acerques un raviol a tus labios o que huelas la cucharita con guiso de lentejas. Unas veces funciona y otras no. Sos vos el que decide. Yo te ofrezco que pruebes, o lo intentes.
Te encanta correr, reirte, las cosquillas, los besos, los abrazos. Te dejás hacer mimos por periodos que cualquier otro bebé consideraría eterno y luego pedís más: "por aquí y por aquí."
Sos generoso, tanto que, lo confieso, he dejado escapar más de una lágrima emocionada. Nunca dudás regalarle a tus hermanos los últimos dos ositos que quedan en tu bolsa, y para quien no lo sepa, en esta casa, son el tesoro más preciado. Le has pedido que no llore a tu hermana porque se le acabó el postre, porque vos todavía tenías para compartir. Te he visto darles tu chupete en alguna emergencia bebuna.
Si de primera impresión alguien deduce que sos tímido, se equivoca. Sólo estás tomándote tu tiempo. Sos el payasín más gracioso del mundo. Cualquier cosa vale para hacer reír: gestos exagerados, vocalizaciones interminables, danzas con movimientos extraños de brazos y piernas. Pero lo que no tiene igual es tu capacidad de poner caritas, caruchas, caripelas... Sos un mago de la expresión facial. Desde bebé lo hacías. Para todo. Si algo no se ve bien, no huele bien, no te resulta agradable al tacto, inmediatamente tu nariz se frunce, tu boca se contorsiona, tus ojos se cierran y todo tu cuerpo se estremece. Si te gusta, tus inmensos ojos se iluminan, tu sonrisa se extiende de lado a lado de la cara, tus pómulos se levantan y tus hombros acompañan el movimiento.
Te gusta saberme cerca y la primera subida al tobogán o a la casita de madera, tiene el pedido seguro: "mamá, dame la manito". Me deshago de ternura y voy y te sostengo. Sé que talvez vuelvas a pedirlo la segunda vuelta y de ahí en más vas a subir y bajar corriendo y riéndote una y otra vez, buscándome con la mirada para compartir tu alegría.
Observador del mínimo detalle, sos capaz de descubrir cosas  que cualquiera pasaría desapercibidas. Atento. Sereno. A veces te cuesta expresar lo que sentís y te quedás serio y callado, pero no por mucho tiempo.
Sos un nene feliz. Que corre y juega y llama a sus hermanos para que lo acompañen y les propone nuevas formas de hacer los mismos juegos.
Estilizado y hermoso, tu pelito suave, tus ojos inmensos como dos soles y tu mirada profunda. Tus labios como cerezas, tu pera fina y delicada.  Mi niño dulce como el dulce de leche. Si te dormís pegadito a mí, tus manitos recorren mi brazo haciéndome cariño. Así me despertás por la mañana cuando querés que ya nos levantemos.
Bello y transparente. El ángel de mamá y mamá. Nuestro niño mayor. Nuestro niño adorado.
Mi maestro más paciente y más tenaz. Por vos he tenido que voltear mis pensamientos, darlos vuelta y reconstruirlos, para que sirvieran. Me has hecho más flexible, más tolerante, más humilde, más cariñosa. Ojalá pudiera ser tan generosa como vos, tan segura como vos, tan alegre como vos. Ojalá pudiera. Te admiro, de verdad te admiro. Y te amo profundamente. Quisiera que siempre tuvieras esto presente, para que aquellas veces en que me resulta difícil ser la mamá que necesitás y eso me enoje y me frustre, entiendas que no es con vos, es conmigo, porque quisiera ser mejor para vos y a veces, simplemente no puedo. Mi niño especial, mi niño de luz. Te amo y abrazo desde mi corazón. Gracias por existir mi Nico chiquito, gracias por hacerte presente en nuestras vidas, gracias, infinitamente gracias por el inmenso y maravilloso regalo de permitirnos transitar junto a vos esta parte del camino. Te amo.
 
 

martes, 16 de octubre de 2012

Gabriel

Cuando a las 16 semanas de embarazo nos dijeron que ibas a ser un niño, tuve que ponerte un nombre. Y digo que tuve que hacerlo porque no quisiste que fuera de otro modo. Estuve dando vueltas y vueltas en la cama y vos revoloteando. Finalmente fui a decirle a tu otra mami, que por esas noches no podía dormir demasiado, que quería que te llamaras Gabriel, si a ella le gustaba. Y te quedaste tranquilo y me dormí inmediatamente.
 
Hasta que naciste, cada vez que te movías mi panza parecía desafiar todos los límites perimetrales. Estabas aquí y al otro segundo allá y nuevamente por aquí. No parabas. No pasabas desapercibido.
Llegaste a casa dos días después que tus hermanos. Te quedaban aún varias dosis del antibiótico que te dieron. Sufrí cada uno de esos pinchazos. A veces seguías llorando por horas  y no había arrullo ni canto ni abrazos que calmaran tu angustia. Tu sonrisa de bebé pequeño y regordete me tenía loca de amor. Siempre querías que estuviera con vos, que sostuviera tu manito. Incluso tomando el pecho o la meme no podía soltarte porque dejabas de comer.
A los cuatro meses te diste la vuelta carnero y te arrojaste fuera del huevito. No te puedo explicar el miedo que tuve de que algo te pasara. Fue mi primera corrida a emergencias con vos en brazos. No me imaginaba por ese entonces que conoceríamos las clínicas de todos los sitios donde fueramos de vacaciones o que a los dos años ibas a salir con un yeso en el brazo luego de una de esas visitas.
A los siete meses gateabas, reptando, por todos lados. Ibas a visitar a la Pelu atravesando el túnel de sillas debajo de la mesa. Te salías de cualquier lugar donde te pusiera. Abrías los cajones que estaban a tu alcance. A los ocho meses, tu abuela te sentó enfrente y te arrojó una pelota haciéndola rebotar una vez a mitad de camino. Cuando se la devolviste del mismo modo, pensé que podría ser casual, pero tuve que abandonar la idea cuando repetiste el movimiento una y otra vez. Hacías el "que linda manito" con un estilo flamenco que convocaba multitudes a tu alrededor en cualquier paseo.

A los quince días de ver a tu hermano caminando, decidiste que ya era hora y sin más preámbulos te paraste apoyando la espalda en el corralito, brazos en alto y saliste hacia adelante. Uno, dos, tres, cuatro pasos, veloces como el rayo y aterrizaje forzoso continuado. No te importó. Incluso ahora cada vez que corrés te tengo que recordar, muchas veces a los gritos para que me escuches porque ya vas muy lejos, que no te olvides de mirar hacia adelante.

Si cuando pedíamos una pizza y venían las aceitunas con carozo, nos apresurábamos a quitarlas para que ustedes no las pidieran, vos metías tu pequeño dedito en el hueco de la muzzarella y nos mirabas mostrándonos que te habías dado cuenta de todo.
 
Luego de un año de haber visitado a mi padrino en su finca, lo esperaste a él y sólo a  él para pedirle que te volviera a subir a ese árbol, como la última vez. Te acordás como nos sentamos todos a la mesa aquella noche que vinieron los tíos a comer. Y que Nico preparó bombones cuando estábamos de vacaciones y vos no, porque dormías y después lloraste porque porque vos querías "cocinarlos", pero te los comiste igual.

Te iluminás pintando, no parás de cantar y bailar y todo tu cuerpo expresa la felicidad que sentís al hacerlo. Te gusta probarlo todo, todo, todo. Por eso aún ahora tengo que estar pendiente de qué cosas te metés en la boca. Sos el primero en proclamarse voluntario para ayudar en cualquier tarea doméstica: limpiar, barrer, llevar cosas de un lado a otro, acomodar zapatitos en el bolso de viaje, emparejar medias. Y lo que más te gusta es ayudar a cocinar: lavar verdura, guardar la verdura cortada, pelar choclos, desgranar arvejas, amasar, revolver, untar las tostadas. Cualquier cosa que parezca un micrófono te impulsa a improvisar una canción y montar el show: ademanes, baile, ladeos de cabeza, extender los brazos y gritar aclamándote en un "bravo" para terminar.

Tus ojitos de cielo, tu pelito rubio y suave,  tu nariz de porotito. Tus manitos y tus pies son una copia diminuta de los míos. Sos un bebé hermoso. Mi bebé hermoso, mi bomboncito de chocolate blanco.
 
Afectuoso y cálido. Intenso, vibrante y enérgico. Sensible desde el corazón hasta la piel. Tu cuerpo y tu cabeza se mueven a un ritmo difícil de acompañar. Simpático y sociable. Te cuesta detenerte, los besos se pueden transformar en mordiscos, los abrazos en apretones y un llanto en serenata inconclusa. Tu risa suena como mil campanitas en el aire. Asiduo visitante de la cama grande, no lográs conciliar el sueño sin una mano agarradita, sin un abrazo. Si el insomnio se vuelve compañero nada de eso alcanza: ténes que usarnos de colchón y de almohada.  Te das vuelta y un beso. Y otra vuelta más. Y las patitas arriba. Y las patitas abajo. Y otro beso.  Algunas siestas te miro dormido, te acaricio la cabeza, mido que el largo de tu fémur aún entre mi meñique y mi pulgar, si estiro mucho los dedos. Eso me devuelve la conciencia de que sos aún chiquito, porque has crecido tanto hijo mío, que a veces me confundo.
 
Te amo, te amo infinitamente, intensamente. Desde las venas y desde el alma. No puedo hacerlo de otro modo. Te amo libre y también apretadito a mí. Amo tu modo de ser y de hacer las cosas. Amo todo lo que nace de vos. Me moviliza tu pasión y tu fuerza. Tu impulso creativo, tu mirada inteligente. Me conocés de aquí a la luna, ida y vuelta. Tenés la capacidad de sorprenderme siempre.
 
Gracias hijo mío, por darnos la oportunidad de tenerte con nosotras, de cuidarte, de verte crecer, de ir conociendo el ser maravilloso y especial que sos. Gracias por regalarnos tu amor sin límites, sin condiciones. Tenemos tanto que aprender de vos. Mi dulce bebé, mi principito, mi amor, mi cielo. Gracias hijito precioso. Te amo.
 
Pintando su mural, un brazo enyesado no es excusa
 
 
 



lunes, 15 de octubre de 2012

Sofía

Te vi nacer. Vi como te alzaste de mi vientre, con tus piernitas cruzadas y pegaditas al cuerpo. El médico que te recibió te trajo a mí y te apoyó sobre mi pecho. Estabas toda envuelta, pero una de tus pequeñas manitos quedó libre y te la llené de besos sin dejar de mirar ni por un instante tu hermosa carita. Me enamoré de vos inmediatamente. Te quedaste un ratito conmigo hasta que te llevaron a encontrarte con tus hermanos y tu otra mami, que ya estaba allí, cuidándolos.
Naciste un jueves, que era día de visita de abuelos en la clínica, así es que los tres te conocieron prontito y mamá te sacó una foto para que pudiera verte. Pasaron muchas horas y una noche infinita hasta que te pusieron en mis brazos y lo primero que hiciste fue atrapar uno de mis dedos con tu mano diminuta. Mi pequeña hija, tan bella, tan pequeña, tan soñada, tan mía.
Llegaste a casa con Nico, Gaby se tuvo que quedar unos días más. Yo estaba dividida, mi corazón partido. Tenía tanto miedo. Se levantaron al día siguiente con un moco cada uno y lloré desesperada pensando que me obligarían a llevarlos de nuevo, pero no fue así, afortunadamente.
Los primeros meses llorabas mucho y costaba calmarte. Siempre dije que algo te pasaba y tu otra mamá te decía que ya tenías abogada (y un poco ha resultado cierto). A los cuatro meses tuvimos que internarte por un episodio de reflujo y cuando te dieron la medicación que necesitabas, de pronto tu humor cambió y empezaste a ser la bebé que yo sabía que eras.
Empezaste a jugar muy pronto con tus juguetes y tus deditos habilidosos eran capaces de sorprendernos a diario con sus logros. Cuando tus hermanos gateaban ya, no tenías ganas de moverte y te quedabas sentada, jugando tranquila, hasta que un día una galletita quedó fuera de tu alcance y descubrimos que era el estímulo que necesitabas.  Te reías de una forma tan linda que contagiaba a todos. Siempre tenías una nueva ocurrencia.  En el verano siguiente a tu primer cumpleaños viajamos a la casa de la abuela. Apenas dabas tus primeros pasitos. Te llevé a la plaza donde yo misma aprendí a caminar y de allí saliste, como una bailarina con tus bracitos hacia arriba y tu pollerita con volados, recorriendola por entero.
Tus besos de conejo, de haber cotizado en bolsa, nos hubieran hecho millonarias.
Todo lo aprendías muy rápido, que donde estaba la cabeza y donde el ombligo, que donde los pies y donde las manos. Fuiste la primera en hacer recados, recuerdo una vez mientras cambiaba a tu hermano que no dejaba de llorar y te pedí si podías traerle un chupete. Te levantaste y buscaste por todos lados, te agachaste a mirar bajo la mesa y también bajo el sillón, ni siquiera sé donde lo hallaste pero viniste a mí, con tu sonrisa triunfal y el chupete bien agarradito en tu mano regordeta.
Siempre te gustó hacer las cosas por vos misma: comer solita, sacarte los zapatos, bañarte con la esponja, desvestirte por completo y ahora vestirte también.
Me impresionó la primera vez que te escuché cantar una canción de varias estrofas sin equivocarte ni saltearte un pedacito. No sabía que podías hacerlo.
Mi niña traviesa, ocurrente, bromista. Mi niña infinitamente dulce y cariñosa. Mi niña inteligente de ojitos chispeantes. Mi niña risueña. Mi niña de carácter fuerte, desatadora de huracanes y tormentas. Expresiva, sensible y empática, nada te pasa al lado sin que lo adviertas y nos los muestres al detalle.
Mi niña hermosa, tan bella tan bella tan bella... la más linda de todas mis muñecas. Tus grandes ojos de pestañas interminables, tu boquita rosada y pequeña, tus rulos desobedientes y empecinados, tus manos, tus pies, tu ombligo... no hay nada de vos que no me guste, mi niña.
Me gusta el modo en que me mirás y me abrazás y me decís "te amo mamita". Me gusta cómo se ilumina tu carita cuando descubrís algo nuevo. Me gusta incluso cuando te mostrás firme o cuando te enojás y ponés el entrecejo fruncido y una trompa que te comería a besos.
Te amo mi niña pequeña, mi princesa adorada. Te miro y te disfruto y me emociono con la luz que trae tu presencia a mi vida. Todos los días aprendo algo gracias a vos. Te agradezco desde el fondo de mi alma que nos hayas elegido para ser tus mamás. Te amo mi Sofi, te amo hija mía.


 

domingo, 14 de octubre de 2012

Tomo la palabra...

-Mamá, quiero meme...
Me quedo pensando si a la hora que es  puedo darle su leche o si le pido que espere hasta la cena.
-Escuchame mamá, quiero meme!
-Te escuché hijo, no te contesté porque estaba pensando...
-Ah, si, perdón. Quiero meme!
 
Este diálogo ocurrió hace apenas unas horas y da muestra suficiente de como la adquisición del lenguaje por parte de los niños se ha instalado en la vida cotidiana.
Ya no más adivinar que están pensando, qué quieren, que necesitan. Si les duele algo, que donde les dolerá. Ya no. Ahora te lo dicen todo. Sólo hay que preguntar. O ni siquiera eso, y algunas veces, pero sólo muy poquitas, los quisieras muditos de nuevo.
 
Mis niños no fueron de los que hablan al cumplir al año, y no digo que tenga que ser así pero conozco varios niños cercanos que sí lo hicieron. Algunas palabritas sueltas talvez, y a media lengua, muy escasas. Nunca me preocupó, porque sabía que aprender a hablar implica primero comprender el lenguaje, interiorizarlo y recién después, expresarlo. Era evidente que podían entender casi todo lo que les decíamos. Casi antes de aprender a caminar, que fue entre los 13 y los 14 meses, ya reconocían las partes básicas del cuerpo y las señalaban al nombrarlas, hacían pequeños recados como alcanzar un chupete a un hermano o traer sus zapatitos para calzarlos. A los dieciocho meses las  uniones de palabras constituían sus primeras oraciones, que los llenaban de orgullo.
 
A los dos años no habían demasiados avances en la expresión oral, salvo la incorporación de nuevos vocablos, pero sí ya nombraban casi todas las partes del cuerpo incluyendo muchos detalles como ojos, orejas, nariz, boca, codo, rodilla, cuello, espalda, nuca, pecho. Empezaron a mejorar mucho a partir de allí, sobre todo con las canciones, disfrutan mucho cantar y lo hacen todo el tiempo. Era notable como sonidos ininteligibles de pronto se parecían a los que daban sentido a los versos.
 
Pero desde los dos años y medio hasta ahora (que ya estamos a un mes y medio del tercer cumpleaños) el ritmo ha sido exponencial. Día tras día aprenden palabras nuevas a fuerza de preguntar por todo y escuchar atentamente, mejoran el uso de los tiempos verbales y aplican bastante bien los adverbios de modo, de tiempo, de lugar. La niña les llevó la delantera siempre en este aspecto y aún hoy lo sigue haciendo, pero los dos varones ya se le acercan bastante.
 
Es normal ahora que si les dices: "estuve mirando tal cosa"  ellos te pregunten "lo miraste?" o si se les pregunta "levantaste tu juguete?" respondan, "si lo levanté"... Hace muy poco la respuesta era en la misma persona que se formulaba la pregunta, por ejemplo "te duele tu pancita?" "si te duele tu pancita"...
Aceptan las correcciones y las asimilan prontísimo: me cuentan que pusieron un juguete en un estante diciendo orgullosamente "lo puní yo solo/a", si les digo "se dice "lo puse"", repiten la frase corregida "viste mamá, lo puse yo solo/a"...
 
Es común que relaten historias sucedidas en el pasado y sean hace una semana, un mes o unas horas, siempre dicen "ayer". Para todo lo que va a suceder en el futuro, no usan el "mañana", sino que dicen "el lunes" o "a la tarde"... 
 
Ya dan referencias de cosas que estaban sucediendo en el momento en que algo importante ocurrió "estábamos en el tren y comiendo "tatitas" de chocolate y yo me caí y me lastimé la pierna" le contó mi hija a su abuela.
 
Como mi mamá y mi hermano viven a 1000 km de distancia, hablan con ellos por teléfono frecuentemente: les cantan canciones, les cuentan cosas y responden todas las preguntas. Suelen terminar con un "te amo abuela" o "te amo tío" para que ambos caigan rodando por el suelo.
 
Ahora se les ha dado también por usar diminutivos para muchas cosas, sobre todo cuando quieren hablar cariñosamente. A veces quedan palabras inventadas y son muy graciosas.
 
Otra novedad es que empezaron a usar el plural para nombrarnos a las dos, ya dicen "mamás" "mamis" o "mamitas"  pero lo combinan con los verbos en singular, suena muy tierno: "mira mamitas la prueba que hago" y está con la cabeza en el piso y una pierna levantada.
 
Son muy divertidos los diálogos que inventan con sus muñecos y ya están empezando a crear sus guiones y drigirlos "vos andá para allá primero y yo me asusto"...
 
Usan algunas palabras que no son muy sencillas, como por ejemplo "sosteniendo", "adecuada", "oportunidad"... y las usan bien. No dejan de sorprenderme... El otro día le pedí a uno de los niños que fuera mi ayudante para sacar algunas cosas que quedaron debajo del sillón. Lo intentó sin éxito y me dijo "no puedo, no lo alcanzo", se quedó pensando y me dijo "esperá mamá" y fue a buscar un pedazo de flota-flota que usan de tobogán para los autitos y lo usó para sacar las cosas empujándolas. "yo no lo alcanzo pero "trají" esto y si lo alcanzo" con una sonrisa que le cubría toda la carita.
 
El otro día me preguntaron que era eso, señalado la visagra de la puerta: dudé un segundo, pero se me complicaba más explicarles el concepto que decirles bien el nombre "es una visagra". Para mi sorpresa lo repitieron perfectamente "visagra". Y al minuto: "mamá, la visagra sirve para cerrar la puerta?" Dependiendo del interlocutor puede ser "puerta" "perta" o "pelta" no es que todos pronuncien correctamente todas las palabras, pero ya se les entiende muy bien, salvo que estén llorando o muy acelerados, claro.
 
Usan el "por favor", el "gracias", el "de nada", el "buen provecho". Y  cada vez que nos sentamos a comer, me dicen "gracias mamá por cocinar" y en aquellos días que estoy muy cansada, puede ser realmente reconfortante ese reconocimiento.
 
Cantan algunas canciones en inglés, en su muy particular fonética y cuando escuchan hablar un poco extraño ya preguntan si es "en inlés" o "en español" y del mismo modo me indican en que idioma prefieren ver sus dibujitos, lo que cambia continuamente y más dificil aún es que todos coincidan en la preferencia temporalmente.
 
Seguramente me estoy olvidando muchas cosas, sobre todo lo del principio, pero tenía ganas de escribir sobre esto porque más adelante talvez me acuerde menos todavía. Y esto que ahora les comparto, tiene la intención además de ser testimonio para cuando ellos puedan leerlo o me pidan que lo haga. A mí me encantaban todas las historias que mi mamá me contaba de cuando yo era chiquita y creo que a ellos les gustará mucho también.
 
Así que para ellos, mis tres hermosos parlanchines, esta entrada que espero, disfruten algún día...
 
 

sábado, 13 de octubre de 2012

Trillicidades I

Hermanos, amigos, cómplices. Dulces y cariñosos. Traviesos y rebeldes. Ocurrentes. Aquí una recopilación de hechos, diálogos, travesuras que los muestran de cuerpo entero. Tan suyas que no pude más que titularlas de este modo...

  • Uno de los niños, con su plato de comida a medio empezar y la mejor carita de puchero que se imaginen: "Mamá, me siento muy, muy mal"... "me das postre?" Cuando terminé de reirme le expliqué que el suyo no era un buen argumento :)
  • "Vos sos mi bebé chiquito y yo tu mamá, si?"
    Los escucho desde la cocina y pienso: Qué adorables!
    Hasta que escucho el sonido inconfundible de los velcros del pañal y corro para descubrir que la señorita y su hermano están jugando a que ella le cambia los pañales.... jajaja!!!  Ooooommmmmmmmmmm!!!!
  • Están jugando a que van a dormir, entonces dos se acuestan en L y uno hace de madre, les cantá el "arrorró mi niño" y les dice, a uno y a otro: "tranquilo, dormite, dame la manito, acá estoy yo"
  • Mi niña se me acerca y me huele intensamente, sonríe y me dice "mmmhhh que rico olorcito". Y yo: "si? y a qué huele?". Ella: "a mamá"
    Cucharita para juntarme del piso...
  • Yo: "está bien el agua?" (del baño)
    Uno de ellos: "si mamá, no fría, no caliente...."
    Coro de tres: "adecuada!!!"
    Esta se la debo a Mickey Mouse y el episodio del "Hipo de Donald" :)
  • Después de la cena, mi niña hizo unos pucheritos porque se había terminado su flancito y no quedaba más. Entonces su hermano, aún a la mitad de su postre, le dijo "no llores,  yo te convido un poquito" mientras le extendía una generosa cucharita. Los dos terminaron a las risas y con una carita de felicidad increíble.
  • Un día que yo estaba triste, se me acercaron los tres y uno me dijo: "mamá, te duele algo?". Les expliqué que sentía mucha tristeza "Ahhh, pobrecita". Me dieron unos besos tan dulces y tiernos y luego me dijeron "mejor?". Están convencidos del poder curativo de los besos. Y yo.
  • Pareciera que a los niños ya empieza a molestarles que gente extraña se acerque a hablarles por el hecho de ser trillizos. Una señora quería a toda costa saber cómo se llamaban, nosotras dejamos que ellos contestaran. Dos lo hicieron con timidez y el tercero permanecía callado. La señora siguió insistiendo y le decía "y vos cómo te llamás?" "NADIE" respondió el pequeño :)
Tengan por seguro que este puñado de anécdotas no es más que eso, un puñado. Como estas hay otras cientas. Ya les seguiré contando...


viernes, 12 de octubre de 2012

Patitos al agua...

La semana pasada los peques empezaron natación. Yo quería aprovechar el impulso de las vacaciones que tomamos en Agosto, donde pudieron disfrutar mucho del agua, pero por distintas razones, no pudimos hacerlo hasta ahora.
Como estaban en el límite superior de los bebés y en el límite inferior de los niños pequeños, la profesora me dio a elegir en cual de las clases queríamos estar. En la primera los niños están en el agua con el adulto que los acompaña y en la segunda, están los niños solos pero el adulto puede entrar con ellos a la zona de piletas y quedarse sentado al borde mientras están en el periodo de adaptación. Sin pensarlo, le dije que mejor en la primera, ya que no sabía cómo podían reaccionar estando yo fuera. En la vuelta de correo me entero que es un adulto por niño, con lo cual, descartada la clase de bebés y tuvimos que tomar la de los niños.
Debo decir que estaba algo nerviosa, pues no quería que se fuesen a sentir mal o inseguros, cuando les conté cómo iba a ser la clase, me decían: "no, las profes no, mamá en la pileta". Les aseguré que se iban a divertir, que no iban a tener que hacer nada que no quisieran, que yo iba a estar ahí, al ladito y que si algo no les gustaba, podíamos probar otra vez, que a veces de primera puede que algo no nos guste y más tarde sí. No los convencí demasiado, pero allá fuimos.
Gratamente debo decir que mis preocupaciones estuvieron demás. Durante su primera clase, dos profesoras se dedicaron por completo a ellos y dividieron la pileta para que tuvieran su espacio particular. Ni siquiera les dijeron "entren al agua", simplemente pusieron juguetes, como molinos de agua con embudos y regaderitas para que ellos hicieran girar las aspas al volcar el agua. Cuando se acabó el contenido de la regadera,  fueron entrando uno a uno a la pileta por su recarga. El que más tardó en entrar debe haber demorado unos cinco minutos desde que nos acercamos al borde. Jugaron a soplar burbujas y por turnos cada uno tragó un poco. Se asustaron, tosieron, vinieron por un abrazo y un beso de mamá... y volvieron a la pile!!! Siguieron jugando, primero en el escalón inicial (el agua les llegaba a las rodillas) y luego bajaron, con el agua a la pancita. Juntaron pescaditos de plástico del fondo y se les mojó la nariz y la frente y cuando llegó la hora de juntar pelotitas flotantes, caminaron hasta el fondo, con el agua por el cuello. Ninguno quiso salirse y una vez fuera, tuve que perseguir a dos que querían volver a entrar.
Disfruté tanto. Los sentí cómodos, libres, absortos y divertidos. Respetados. En sus tiempos, en sus ritmos, en sus modos. Yo había pensado que el primer día no les iba a tomar fotos, para tener toda mi energía disponible para ellos, pero la verdad es que sólo necesitaban saber que estaba ahí, así que pude sacar mi cámara y retratarlos. Aquí los tienen...



 
 

jueves, 11 de octubre de 2012

Somos un poco salvajes, lo confieso...

Debo admitirlo, no hay mejor plan para esta familia que pasarla al aire libre. 
El lugar favorito es el campo del abuelo, porque allí pasamos varios días y dormimos todos en un mismo cuarto. El olor a tostadas con manteca, a naranjas maduras, a tierra húmeda. El horizonte accesible y lejano, interrumpido apenas por una fila de árboles diminutos. El sol con sus bostezos  y la luna imponente haciendo brillar las aspas del molino como si fueran de plata. Las flores silvestres y los tréboles. Los caballitos vecinos. Los paseos "de exploradores". La visita al almacén-pulpería. Cada una de estas cosas es una invitación al disfrute, a la celebración de lo simple.
Nuestros niños duermen dentro de una carpa al lado de nuestra cama, con sus linternas a un lado. Se levantan antes de que salga el sol y una vez afuera no paran de correr, de abrir canillas y mojarse una y otra vez la ropa, de juntar piedritas, de perseguir a la Pelu que creo que aquí lo soporta de más ánimo. Cada tanto hay un golpe, un raspón, una caída. Una huída frenética y despavorida ante el ataque de una mosca feroz que vaya a saber uno que piensan que podría hacerles. Tierra, pegotes, cabellos alborotados. Todo forma parte de la experiencia de respirar aire puro y cobijarse bajo ese cielo azul y cristalino.








Con septiembre nos llegan los tiempos cálidos, los primeros brotes, el sol acogedor. Los fines de semana aprovechamos esos beneficios paseando en familia. El último de los sábados compartimos una jornada en "La Choza", un emprendimiento de cultivo biodinámico y producción orgánica de lácteos, auspiciado por el cole donde entrarán los niños el año próximo. Fue la  Fiesta de la Primavera. El almuerzo fue una degustación de deliciosos platos y jugos naturales, luego recorrer el lugar, subir a los árboles, participar en numerosos juegos. Hubo músicos y bailarines. Visitamos a las ovejas y a las vacas, pero sólo a las pequeñas, porque las grandes hacen "muuuuu" muy fuerte y no les gusta nada eso. Cuando llegamos al cuento de mesa el plan había sido demasiado largo para los enanos y tuvimos que irnos antes de que terminara.



Al día siguiente teníamos plan de conocer el Parque de la Costa, que tiene juegos para todas las edades, obras de teatro y musicales para niños y está a la vera del río, así que se pueden ver desde allí pequeñas embarcaciones. Pero al llegar había una cola de gente que llegaba a dos cuadras de la entrada, así que hubo cambio de planes y decidimos hacer el recorrido del Tren de la Costa.  El tren hace  distintas paradas y te puedes subir y bajar cuantas veces quieras. Elegimos tres destinos y en uno almorzamos y descubrimos una fuente y un castillo (que resultó ser una iglesia). En el otro los peques disfrutaron de un chupetín a orillas del río y jugaron en columpios y treparon tronquitos. En el tercero recorrimos una feria de antigüedades y en retrospectiva no fue un plan interesante para los niños. Pero las galletas de chocolate y el jugo de naranjas compensaron. Ya el paseo en tren constituía una aventura y a la vuelta, más confiados, quisieron sentarse los tres juntos pero "solos", en el asiento frente a nosotras.

















Están tan grandes nuestros niños, se los ve tan felices corriendo delante y volviéndose sólo para sonreirnos y hacernos parte de su aventura, descubriendolo todo, experimentándolo todo... Qué importante es que puedan hacerlo, que importante es que se puedan encontrar espacios donde eso sea posible y seguro... Ya cada vez nos quedan menos razones para quedarnos en la ciudad y encontramos más y más atractiva la idea de mirarla desde fuera.
 
Y es que somos un poco salvajes, lo confieso...

miércoles, 10 de octubre de 2012

Deudas inéditas

Tengo un poco abandonado este espacio.
Se imaginarán los motivos pero si quieren, puedo darles tres...
De todos modos, y para comprometerme a mí misma, he venido a contarles que tengo siete entradas a medio esbozar en mi pensamiento y al hacerlo público aquí, acabo de extender el compromiso. 
Sí, son siete. Y lo sé porque esta noche he escrito los títulos de todos, para recordarme acerca de qué he querido escribir, para cuáles entradas he sacado fotos, aquello que de ningún modo me debo olvidar.
No puedo seguir postergándolo, así que mañana mismo empiezo a saldar cuentas.
Uno por día. Prometido.
Me dan ánimos en la tarea?
 
 

viernes, 21 de septiembre de 2012

Entramos al Steiner - o "Aramos, dijo el mosquito"

Cómo no dedicarle un post a este hecho! Ayer nos enteramos que tenemos vacante en el colegio que habíamos elegido para nuestros niños. Y si prestan atención y aunque intenté ponerle cuidado, usé la primera persona del plural para contarles que en realidad los niños tienen su vacante asegurada. Y esto es parte del porqué del título de la entrada. Cuando emocionadísima le llamé a mi mujer y le conté que había llenado los papeles, le dije "Entramos al Steiner!", a lo que ella me contestó "Aramos, dijo el mosquito"... Pero bueno, por ahora, un poco aramos las mosquitas, y aunque los que entraron son ellos, en este colegio la familia no tiene chance de saludar desde la puerta...

Estaba pensando en cómo escribir este post, y contestándole a una amiga su correo, me di cuenta de que justamente eso que le estaba escribiendo era lo que quería contar. Así que aquí va, palabras más, palabras menos:

"Estamos muy felices! Llevamos casi dos años investigando y pasando por el corazón luego, cuál sería el tipo de pedagogía y luego la escuela en particular que elegiríamos para los peques. Así que tener confirmada la vacante para los tres es una alegría y en este momento particular, un gran logro también, ya que ni siquiera es fácil tener vacante para uno.
Desde un primer momento sabíamos que no queríamos escuelas de doble turno ni escuelas elite de alta exigencia, para no presionarlos ni sobrecargarlos ni que estuvieran en un ambiente con valores ligados a la competitividad, los logros individuales, el intelectualismo. Empezamos evaluando escuelas públicas,  y a medida que avanzábamos en profundizar nuestro interés empezamos a conocer pedagogías y propuestas alternativas: Escuela Libre, Escuela Activa, Montessori, Logosófica, Waldorf, entre otras. Cada una de ellas tiene su ingrediente particular pero casi todas coinciden en sus premisas fundamentales: la libertad, estimular el goce por el aprendizaje, el respeto y la escucha a las necesidades individuales, la no competencia. En fin. Nos decidimos por Waldorf por varios motivos, uno de ellos y el más importante es que de principio a fin aborda el aspecto espiritual, te diría que en realidad es la base en la que se estructura. Otro más práctico, es que tenemos una buena oferta de colegios, hay cinco de ellos en un radio de no más de 35 minutos en auto. Avanzamos con el proceso de admisión en dos de estas escuelas y en ambas nos sentimos muy cómodas y tranquilas con respecto a que eso era lo que estábamos buscando. Apostamos por el Rudolf Steiner, que es el colegio de más antigüedad en la Argentina y en América del Sur. Tiene desde jardín a secundario, en edificios propios, las cuotas no son bajas y menos considerando que son tres niños, pero son las más accesibles.  Tiene profesores de Euritmia en su planta permanente, les ofrecen clases de violín desde 4° grado, y es bilingüe español-alemán, además del inglés, que tienen como en todas las escuelas ahora (creo que son 3 veces por semana)"
 
Esto resume en parte, nuestra búsqueda y da cuenta del por qué sentimos hoy esta emoción. En otros post les iré contando como será el jardín al que entrarán nuestros hijos dentro de unos meses y más detalles acerca de la educación Waldorf.
 
Gracias por acompañarnos!
 

martes, 11 de septiembre de 2012

Por favor, deja en paz a esos niños...

Esa soy yo, hablándome a mí. Ufffff qué difícil es!
Si es la primera vez que me leen, talvez piensen que soy de las que a cada rato están con la lata. Pero no, o al menos creo que no, ya dirán ellos luego...

Qué es para mí dejar en paz a mis hijos? Dejarlos ser. SER.
Y dejarlos hacer también. No imponer mis modos, mi idea de lo oportuno, cómodo, correcto, adecuado, mi visión... Si quiere sacarse las medias y sus pies están calientes, está bien aunque haga frío. Lo sabe y me dice que puede sacárselas porque sus pies están bien. Si tiene ganas de jugar con las masas aunque yo esté muy cansada y en lo primero que piense sea en lo que voy a tener que recoger luego, es lo que quiere y a nadie hace mal, por qué privarla. Si no tiene ganas de comer hoy esto que le estoy sirviendo, ya comerá otra cosa más tarde.  O no, tal vez se siente mal y está tomando la mejor decisión por su cuerpo (no les pasó descubrir esto alguna vez?)

No intervenir. No interrumpir. No imponer. No privarles de tantos riesgos. La mayoría vale la pena.
Eso no quiere decir no estar, no escuchar, no involucrarse. Al contrario.
Una vez escuché que si uno pauta el juego, el niño incorpora. En cambio si el niño juega libre, despliega. Quiero verlos desplegarse. Quiero dejarlos ser.

Deja en paz a esos niños, que corran por ahí, no pasa nada. Dejalo que baje la colina, si se cae, ya vez, no pasa nada. Se ha levantado y se ha reído. Se ha reido mucho y tu también al verlo. No pasa nada. Ahora está rodando por gusto y se lo ve tan feliz. Ella baila en lo alto sonriendo. Y él no para de correr y cantar y dar saltitos y ha venido a darme un beso y limpiarse la nariz.

Y para disfrutar esto, nos hemos saltado la seguridad de las rejas hoy. Porque donde estaban las rejas, estaba la arena y los juegos de niños, pero ni una gota de sol ni un centímetro de pasto verde. Así que hemos cruzado a la libertad de la plaza abierta y el sol resplandeciente y la hemos pasado genial. Claro que me duele un poco la espalda y el cuello, debo haber estado bastante tensa al principio. Qué dificil es confiar en que todo saldrá bien. Confiar en ellos, han aprendido bastante a cuidarse y saben cuando digo que no de verdad. Confiar en mi, he aprendido bastante acerca de moverme con tres niños pequeños a la vez. Confiar. Soltarse. Soltarlos. Los estoy cuidando, aquí estoy, me hacen caso si los llamo, son tranquilos, son inteligentes, se mueven perfectamente, son ágiles, tienen reflejos... Yo también puedo correr rápido si hiciera falta.

Quedate tranquila, relájate, respira. Y por favor, deja en paz a esos niños... 
Esa soy yo, hablándome a mí



lunes, 10 de septiembre de 2012

Somos públicos...

Hoy me he dado cuenta que tenía muchas fotos de mis niños en este blog. Y claro, es que este blog inicialmente fue creado para compartir las aventuras, progresos, fotos y videos de mis niños con amigos y familia. Eran las épocas en que le hice la guerra a FB y quería emprender un camino alternativo. Fue complicado porque la mayoría de los invitados no sabían cómo acceder ni cómo comentar y al ser privado no les llegaban las actualizaciones, en fin, para que seguir... Al principio lo dejé abierto pero saqué toda referencia a él en buscadores y luego, después de varios meses, agaché la cabeza y volví a activar mi cuenta de FB.  Y desde allí ahora engancho los enlaces a mi blog para que mi familia y amigos lean lo que pienso. Ironías de la vida, que no producen en mí más efecto que una sonrisa...
El blog quedó abierto y gracias a él y mis visitas a otros blogs he conocido a personas interesantes, divertidas, profundas, cuestionantes, conciliadoras, amigables, habilidosas... En fin, un mundo nuevo, con un encanto particular.
Una de esas personas me pidió compartir un post en su página de FB y le dije que claro, que estaba bien, pero cuando he visitado la página y vi la foto de mis niños (que yo tenía de portada del blog) y que alguien más había vuelto a compartir el post en otra página, pensé dos cosas: la primera, que definitivamente quiero seguir compartiendo, no hay vuelta atrás en eso, y la segunda, que tenía que revisar el contenido de mi blog.
Así que estuve haciendo limpieza y hasta que encuentre una foto mejor, verán en la portada los tres platitos de un medio día cualquiera de mis niños. Cada cual tiene color fijo y para toda la vajilla vale igual.
Y a todos los que pasan por aquí, gracias por hacerlo y si algo les gusta, ya saben, lleven nomás...

viernes, 31 de agosto de 2012

Querido cuerpo

Vaya, vaya.. aquí estoy pensando en cómo titular esta entrada que aún no se desarrolla del todo en mis pensamientos...
Y es que quiero hablar de algo que puede parecer un poco extraño para mi blog, pero no lo es tanto. Se trata de cómo me siento orgullosa de mi cuerpo. Aquí algunos pensarán que he seguido una buena dieta y estoy con una silueta de modelo a casi tres años de mi parto triple, pero no.
Soy una persona de estatura media, a quien suelen preguntarle si está esperando otro niño y a veces me ha tomado por sorpresa que me hagan adelantar en una fila o me cedan el asiento... Talla? Como aquí no vamos mucho de números, diré que soy entre XL y XXL según la prenda, corte y confección... En fin, una señora gordita y con pancita de unos 4-5 meses de un embarazo de un solo niño... y con bastantes estrías, que no muestro, para qué impresionar.
Y entonces a qué viene esto, se preguntarán... Pues bien, a que muchas veces estuve enojada, con mi cuerpo y conmigo. Con él por no estar en forma y conmigo por ser la responsable de ello. Irracional, claro, que sólo debería enojarme conmigo en todo caso.
Recuerdo el momento de mayor encono: durante la lactancia de mis hijos. Por qué no podía producir toda la leche que mis niños necesitaban? Por qué? Lo sentía como un castigo, como una falencia de mi cuerpo, como una mala jugada. Hice todo lo que me dijeron, lo que leí, lo que exigí en distintas consultas y nunca afloró el manantial. Sin embargo pude amamantar a los tres bastante más allá de sus seis meses.
Creo que casi un año más tarde, contándole a alguien de mi embarazo, del peso de mis niños, de lo lejos que llegaron en su gestación, tuve una idea -o una sensación tal vez- absolutamente reveladora: mi cuerpo era maravilloso. Sí, así mismo como lo leen, era maravilloso porque había tenido la capacidad de llevar a tres niños en un embarazo tranquilo y sin complicaciones, hasta un punto que sorprende a muchos. Nunca me enfermé ni tuve contracciones ni tuve que guardar un reposo absoluto. De hecho, caminé dos cuadras del consultorio del obstetra a la clínica para internarme la tarde previa a su nacimiento, con más de 14 kg en mi panza y un total de 25 kg totales sumados al peso de mi cuerpo. Podrá parecer que no es tanto, pero lo es. Cualquier mujer embarazada y cualquiera que haya estado a su lado sabe como el cuerpo es exigido en ese periodo. Si el embarazo es múltiple, la exigencia es mayor.
Luego de que mis niños nacieran, mi cuerpo quedó bastante más ancho que lo usual, pero la principal ventaja es que siempre hay lugar para los tres en mi regazo.
Debe hacer un año ya de este descubrimiento, de este volver a hacerme amiga de mi cuerpo. Y si hoy le dedico esta entrada es porque volví a sentir esto hace apenas unos días. Llevo ya tres clases de yoga, que practiqué hace siete años y desde allí, salvo por unas esporádicas clases en un gimnasio de aeróbicos, hace cinco años, no volví a ejercitarme. Bueno, es un decir con tres niños correteando por la casa que una no hace ejercicio, pero al menos nada formal.
Y que pasó? Que nuevamente mi cuerpo hizo su milagro... se acordó de cosas que yo ya no. Me mostró su memoria y volvió a asombrarme con su flexibilidad y su fuerza. No digo que las clases hayan sido las de una yogui experta ni mucho menos, pero sí estuvieron muy lejos de mis expectativas. Incluso los efectos posteriores me asombraron.
Así que aquí estoy, ofreciéndole estas líneas como muestra de mi agradecimiento. Sé que le llegarán...


viernes, 20 de julio de 2012

Nuestros hijos ya son nuestros hijos

Claro que siempre lo fueron, pero desde hoy, el estado reconoce a nuestra familia por entero: nuestros hijos tienen ya sus dos apellidos y figuran como hijos de sus dos madres en la partida de nacimiento y en los documentos de identidad. No es poco.
El alma se llena de sentimientos y emociones que se desbordan... no sé cuántas veces he llorado hoy, creo que tantas como las que mi sonrisa, de lado a lado, ha estado presente.
Me siento agradecida por el esfuerzo de mucha gente que le puso el cuerpo a esta lucha, con los gobernantes que tomaron la decisión política de reconocer nuestros derechos, con los funcionarios que la ejecutaron con respeto y contención. Me siento agradecida con la vida, con Dios.
Me siento feliz, me siento profundamente feliz...
Recuerdo nuestras peregrinaciones con esa panza inmensa entre abogados y organizaciones para ver cómo podíamos darles a nuestros hijos un respaldo legal que por ese momento no se veía ni cercano ni demasiado posible.
Recuerdo la noche que se hizo madrugada frente al televisor escuchando las ponencias de los senadores con el corazón apretado y el estómago hecho un nudo y la emoción infinita cuando la votación reveló que en Argentina ya era Ley el Matrimonio Igualitario.
Recuerdo el día de nuestra boda, con nuestros pequeños hijos presentes, nuestra familia, nuestros amigos. Todos juntos celebrando ese logro, grande, grande y soñado tanto tiempo.
Se me vienen de golpe a la cabeza y el corazón las reuniones, las cartas escritas a los funcionarios, a la Presidente, las fotos que cuidadosamente elegimos para acompañar nuestras palabras. Y más reuniones y más llamadas... El día que nos dijeron que finalmente iban a firmar el decreto que igualara los derechos de nuestros hijos con los de los niños nacidos después de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario. El acto en Casa Rosada mirando como finalmente Cristina de Kirchner firmaba el decreto.
La semana pasada y esta yendo y viniendo al Registro Civil, hasta que hoy al medio día fue la entrega oficial de las partidas, las libretas de matrimonio completas con sus nacimientos y el trámite para el nuevo DNI.
Recién llegamos, nuestros pequeños duermen tranquilos. Ella también duerme, más tranquila que nunca... Y yo,  yo no podía dejar de volcar así, desordenados pero fieles, todos los pensamientos y sentimientos que me piden a gritos salir...
Estoy feliz, feliz, feliz, feliz....
Hoy brindo por mi familia y brindo por mi país!!!
 

viernes, 29 de junio de 2012

Historia de nuestros sueños felices...

Como ya les había adelantado, vamos a ir desde aquí más a favor de los sueños felices que contra Estivill. Y el motivo no es que tengamos una posición tibia al respecto o estemos en algo de acuerdo con lo que publica este señor en su libro "Duermete niño", sino básicamente, que no lo conocemos lo suficiente: no hemos podido leerlo. Claro que hemos escuchado de él, claro que nos han llegado sus ideas y consejos, claro que hemos aguantado dos o tres frases de algún fragmento suyo... Pero hemos rechazado esas ideas, simplemente, porque no tienen que ver con el estilo de crianza que elegimos, porque no tiene que ver con nuestra familia ni con lo que queremos de ella. Así que aquí está nuestro aporte a la campaña por el Día Mundial del Sueño Feliz...

Cuando nuestros hijos llegaron a casa, empezaron a dormir juntos. Su pequeña cuna estaba junto a nuestra cama, que era más pequeña que la que tenemos hoy, y así dormíamos en las noches. Las siestas diurnas nos encontraban más acompañados aún.  Crecieron y hubo que cambiarlos de cuna y ya no entrábamos todos en el mismo cuarto, así que los tres pasaron a una cuna más grande y una de nosotras dormía en una cama pegada a ellos para poder tocarlos y que así se sintieran más a gusto y calmados. Siguieron creciendo y fueron los tres a la cama grande, pero en ese momento no había lugar para cinco, así que eran ellos y una de nosotras cada noche. A los seis meses compramos sus cunas, que tienen hasta el día de hoy, transformadas varias veces de acuerdo a las necesidades y el paso del tiempo. En ese momento cambiamos nuestra cama por una más grande, la más grande que entrara en nuestro pequeño cuarto, y así empezamos a recibirlos por las noches, de a uno, de a dos y a los tres juntos también.

Desde esos seis meses, siempre se dormían a upa nuestro y luego hacíamos malabares para llevarlos a sus camitas ya dormidos. Si se despertaban en la noche, ya sabíamos cuál era el remedio: brazos, besos, mimos, teta o mamadera y casi siempre terminaban durmiendo con nosotras. A sus dieciseis meses empezamos a intentar que conciliaran el sueño ya en sus cunas: al principio estabamos las dos, cada una entre dos cunas, tomando sus manitos, cantando, haciendo mimos. Luego cambiamos la disposición de su cuarto y una sola de nosotras podía tocarlos a todos, mimarlos a todos... Les cantábamos, les contábamos cuentos y nos quedábamos allí hasta que los tres estaban profundamente dormidos.


Hoy la rutina de las noches es similar, pero por lo general, algo más breve: un colchón en el piso junto a los tres, alguno a upa, otro de la mano, otro que no quiere la mano ahora, pero más tarde sí, cantos, cuentos, amor, compañía.  Ya sabemos que lo más probable es que en un par de horas llegue algún "invitado". Cuando estamos todos juntos, es difícil esquivar patadas y empujones, a nosotras y entre ellos. Nos transformamos en barreras amortiguadoras de golpes entre hermanos y los vamos acomodando lo mejor posible: uno entre las piernas, otro encima del pecho, el tercero abrazado... Si se despiertan todos quieren upa y se hace lo que se puede.
Desde hace un tiempo nuestras siestas son en la cama grande: durante la semana yo y el fin de semana ella, dormimos con nuestros tres hijos y también con osos, tigres, leopardos, monos y ovejas. O lo que toque en suerte. Como me cuesta mucho dormir de día, suelo quedarme allí mirándolos, haciéndoles mimos, disfrutando su cercanía y su contacto.

No hemos practicado el colecho puro o estricto salvo en los primeros meses de sus vidas y algunas vacaciones. Es decir, son muy pocas las veces que comenzamos la noche los cinco en la misma cama, pero casi siempre la terminamos juntos.

Este es nuestro modo y esta es nuestra historia. Nuestros niños son felices así. Nosotras somos felices así.
Y nuestros sueños, también lo son. 



domingo, 24 de junio de 2012

Día Mundial del Sueño Feliz

He tomado prestada esta imagen del blog de Miriam Tirado, A Flor de Pell, a quién leo con frecuencia y se las recomiendo.

Se trata aquí sólo de anunciar que el próximo 29 de junio se realizará una campaña masiva en blogs y redes sociales (Facebook y Twitter) para promover el sueño acompañado y contar historias y experiencias de "Sueños felices".



Lema y acciones (tomado también de A Flor de Pell)

La idea es que el hashtag #desmontandoaEstivill se convierta en trend topic en Twitter y que blogs, páginas y perfiles de Facebook se llenen de mensajes a favor del Sueño Feliz.
Para ello, las acciones son las siguientes:

-Súmate al grupo de Facebook o al evento.

-Si eres bloguera o bloguero, anuncia ya este evento en tu blog. Especifica que el hashtag #desmontandoaEstivill solo hay que usarlo el día 29 en Twitter. Haz un post ahora anunciándolo y publica otro post el 29 contando tu experiencia de sueño feliz.

-El día 29 (y nunca antes) comparte todos los artículos, citas, testimonios que quieras sobre sueño feliz acompañando a tu hijo, a través de tu perfil o tu página de Facebook, y a través de Twitter.

-El día 29 (y nunca antes) tuitea y retuitea todas las razones que tienes para acompañar a tu hijo a dormir, todos los argumentos científicos que encuentres, todas las ideas que quieras, bajo el hashtag #desmontandoaEstivill.

Personalmente, no voy a ir "contra Estivil" ya que no me merece la pena. Además, tampoco tengo Twitter, pero sí quiero apoyar la iniciativa y que más familias sepan que es posible y está muy bien, si así desean hacerlo, acompañar el sueño de sus niños. No digo más aquí porque esta entrada es sólo para promover la propuesta.

Te sumas el 29 de junio? Te espero!

sábado, 23 de junio de 2012

Siesta, siestita, siestón.

Ya otras veces he contado de como mis hijos parecen "olerme" y apenas salgo del cuarto se largan a llorar arruinando la siesta de los hermanos -y ya saben todos los que son o han sido padres de niños pequeños lo que una mala siesta le hace al resto del día: pues bueno, multiplicado por tres es tan malo que trato a toda costa de evitarlo.
Creo que también he contado que tengo una fuerte dificultad de compatibilizar el sueño y las horas diurnas... Es decir, duermo lo que duermo de noche y después, por más que lo intente, no lo logro, al menos no más de 10 o 15 minutos y de ahí en más, fresca como una lechuga (lechuga cansada a veces, pero igual insomne).
Así es que me he pasado muchas siestas de dos horas, escuchándolos dormir, tirada en el colchón entre sus cunas: que una mano sobre la espalda cuando ella se mueve, que otra mano buscando un chupete a él que siempre se le sale, un abrazo al pillo que tengo que convencer para que vuelva a dormir, que no ha pasado nada desde que cerró los ojos y así.
He confesado además que en algunas de estas ocasiones me he sentido incómoda, molesta, con ganas de hacer las tantas cosas que había planeado para cuando se durmieran (hubo una época lejana en que esto era posible), pero sintiéndome prisionera de esa situación.
Hace unos días decidí hacer un cambio, mejor dicho, dos: el primero de locación y el segundo de sentido. Ahora estamos durmiendo la siesta en mi cuarto y no en el de ellos, con lo cual yo también estoy muy cómoda aunque no duerma. Y lo más importante: decidí considerar este momento como un tiempo especial con ellos: no hay nada más que hacer, la tarea es estar allí y aprovecho para mirarlos, mimarlos, abrazarlos y lo estoy disfrutando mucho. Incluso ayer debo haberme dormido por una hora más o menos, porque para mí estaba por llegar el fin de sus siesta y han pasado tres horas en lugar de dos!
Tal vez sea esto demasiado pequeño o de escasa importancia, pero para mí ha sido un nuevo aprendizaje en la escuela de ser madre, y quería compartirlo.

jueves, 7 de junio de 2012

Último día del Curso Pedagogía Waldorf

Y así, casi sin darme  cuenta, pasaron 3 meses del inicio del curso. Hoy tuvimos el último encuentro y quedamos "casi" comprometidos para volver a reunirnos en unos pocos meses.
Experimentamos con clases de euritmia, acuarela y artesanía en vellón. Mis hijos tienen una luna, un arcoiris y un atardecer pintados en su cuarto. Y un duende, un angelito, una paloma y un par de flores en vellón y fieltro en sus estantes nuevos. Y a pesar de que mi hija me dijo un día que no le gusta que mamá vaya a la escuela, están encantados con sus juguetes  y cada uno eligió la pintura que más le gusta como "la suya". Por las noches, definimos el tenor justo entre luz y penumbra como el suficiente para ver a su luna.
Durante las clases aprendí mucho sobre temas muy variados, incluso algunos fuera de programa en los momentos del té, conversando con otras madres y padres. Conocí un grupo de personas con las cuales armonizamos muy bien y coincidimos en varios aspectos de educación, crianza y la vida en general.
Y me emocioné más de una vez, durante el transcurso de las clases. Sobre todo en las que nos contaban cómo la escuela aplica la visión antroposófica en el hacer cotidiano de la educación de los niños. Cómo cada una de las cosas que van aprendiendo tiene su momento y su forma, adaptados a la necesidad física, emocional y espiritual de cada etapa. Una de las cosas que más me impactó es cómo durante los años de secundario el objetivo fundamental es que el adolescente logre un conocimiento integral de sí mismo y descubra su misión, que entienda que es lo que tiene y quiere poner en el mundo y a partir de allí escoja entre las posibles carreras que le darían herramientas para hacerlo. Me pareció una visión tan acertada y tranquilizadora!
Cuando llevaba unas diez clases más o menos, tuvimos la primera entrevista, grupal, para los aspirantes a ingreso al jardín. No éramos muchas familias y allí nos explicaron por qué es que recién en octubre pueden saber cuantas vacantes realmente tienen: en nuestro país, es obligatorio que los niños que cumplen 6 años hasta el 30 de junio, vayan a primer grado, aunque algunos sean muy pequeños y no estén preparados para hacerlo ya que las clases comienzan a principios de marzo. En esos casos se solicita una "permanencia" y como es necesaria una aprobación del estado para estas situaciones y la dan para esa fecha, no saben ellos si van a contar o no con esa vacante en el jardín.
La semana próxima tenemos la entrevista biográfica con los peques, como vamos con los tres nos han citado para un megaturno de tres horas, así que tendremos que pensar en llevar algo para comer y entretenimiento. Estoy emocionada y feliz, y si bien un poco ansiosa por la cercanía del tan esperado evento, muy serena en cuanto a los resultados. Siento que un sinnúmero de caminos que empezamos a transitar desde que los niños nacieron, algunos muy lejanos a los que podríamos haber imaginado, gratamente están confluyendo y la elección del tipo de colegio no queda afuera. Estamos en lista en otros dos colegios con pedagogía Waldorf además del Steiner. Yo creo que vamos a entrar en nuestra primera opción, no me pregunten por qué. Y si no es así, en alguno de los otros dos. Y si no, pues bueno, por algo ha de ser y habrá que empezar a preguntarse por qué.
Esto es todo lo que hay que contar al respecto por ahora y estaba con ánimo de compartirselos. Espero que hayan disfrutado la lectura y nos seguimos encontrando por aquí, o por sus pagos :)

viernes, 11 de mayo de 2012

Básica-mente

Qué tiempo me llevan ahora las pausas en mi blog!
Y esto es porque el tiempo, a pesar de ser un concepto relativo y personal, suele tener algún límite bastante establecido por la sucesión de los días y las noches o el propio biorritmo. El caso es que otras ocupaciones hacen que mi tiempo para escribir aquí sea reducido. Ni les cuento el tiempo de lectura, pero tiene que ver con otras cosas también, y cómo ya lo he dicho por aquí, no lo repito.
Este año tenemos menos ayuda en casa durante la semana: seguimos acompañados en las mañanas pero sólo dos días por las tardes. Considerando que yo trabajo desde casa cuatro horas al día, y que los niños aún necesitan mucha cercanía en sus juegos y según la hora, atención completa, resulta bien poco este tiempo. Con lo cual hemos tenido que ir adaptándonos y tomando decisiones que nos faciliten la vida cotidiana dentro de un clima armónico.

Estoy yendo los jueves al curso de Pedagogía Waldorf -sigo encantada, estuvimos haciendo acuarela en lugar de la euritmia de las clases iniciales y a partir de la próxima empezamos con artesanías en vellón- y esa mañana nos da una mano mi suegra, viniendo a jugar con los peques y todos muy contentos.

Cocino yo todos los días, y en general, como siempre somos muchos y los enanos están muy tragones, toca la tarea al medio día y a la noche también. Pocas veces alcanza una sola sesión para dos comidas.
También me he propuesto que incorporen alimentos más sanos, así que cada tanto amaso pan o preparo galletas con harina integral. Como uno de mis niños casi no come carne  intento que las comidas que tienen algún componente cárnico tengan el suficiente valor nutricional aún sin ingerir ese tipo de alimentos.
Estoy con ellos durante el almuerzo, a veces comemos juntos y otras los llevo a dormir su siesta y luego como yo sola, mientras trabajo. Algunas tarde puedo aprovechar, mientras duermen, a trabajar, a tejer, a hacer otras cosas - el otro día forré con contact los vidrios de la alacena para prevenir accidentes ahora que están más altos. Otros días tengo que quedarme en su cuarto todo el tiempo, porque se despiertan muchas veces y quieren que esté ahí, o dándoles la mano o haciéndoles un mimo o a veces ni quieren que los toque pero escuchar mi respiración, saber que estoy. Tengo mis bemoles yo también, a veces me relajo y me duermo un rato con ellos, otras estoy nerviosa pensando todo lo que podría estar haciendo y sintiendo que es un poco a la macana quedarme "sin hacer nada" aunque sé que "algo" estoy haciendo y para ellos es importante. Tengo mis momentos de alta productividad mental: organizo cómo vamos a encarar las mejoras de la casa, repienso las decisiones que habíamos tomado y analizo sus ventajas y desventajas, planifico las tareas del día siguiente o pienso en las actividades de la tarde con ellos. En fin. Según toque.

Trato de salir todos los días con los niños, si llueve simplemente bajamos a la entrada del edificio y nos quedamos en la escalera del hall, en la parte de afuera: miran todo, cuentan todo, les encanta ver llover y saludar a todos los vecinos que por supuesto están encantados con ellos.
Si hace frío o la lluvia del día anterior dejó imposible los areneros, vamos a caminar, o a hacer compras o mandados cerquita. En general los llevo en el coche simple con la patineta, pero estamos probando ir de la mano -claro que por debajo de las camperas llevan los arneses que van atados a mi cinturón, sino no me animo. Ayer encontré que caminábamos más cómodos si  uno de los niños (el que tiene que ir tomado de la mano de su hermano) lleva su arnés atado al de su hermano en lugar de mi cinturón, nos permite movernos mejor a todos y van igual de seguros. Así que la estructura que por ahora ha dado resultado es Nico-Gaby-Mamá-Sofi de la mano, en ese orden.
Si está lindo, hemos decidido emprender la búsqueda de "la plaza perfecta" que sería algo así como la búsqueda del tesoro. A la plaza que íbamos, que era lo ideal de lo ideal que habíamos conseguido, resulta que no lo es tanto para estas épocas más frías: la sombra sobre la zona de juegos, tan apreciada en el verano se vuelve un problema a estas alturas del año.
Así que aquí andamos, cual peregrinos, descubriendo plazas y descifrando sus poblaciones, probando distintas arenas y juegos y pastos y volviendo felices cada vez aunque pensemos que allí no volvemos...

Al regreso de nuestro paseo, le llamamos a mi mamá por teléfono: ellos felices de hablar con su abu y su tío - cuando está-, cada uno toma el teléfono que pongo en speaker para saber si cortan o traducir cuando hace falta :)  Suelen contarle lo que hicieron o lo que les pasa en ese momento, todavía no me creen del todo que por el teléfono no se ve - porque a veces nos comunicamos por skype- , así que a veces llevan el teléfono a donde quiera que esté lo que quieran mostrarle a su abu. Suelen terminar la sesión con canciones: arrorró mi niño, cucú cantaba la rana, feliz cumpleaños -en castellano y en inglés-, los pollitos cantan, en fin, ese es su repertorio. Luego la llenan de besos y empieza la competencia por ver quien corta el teléfono. Cómo todavía no entienden, a veces cortan los tres. Sucesivamente :)

Todas las tardecitas, cuando llega el turno de mi esperado relevo, leen libros, se bañan y dos veces a la semana ven algo de TV con ella. A veces ayudo a vestirlos luego del baño, a veces no, según como vaya la cena. Cenamos todos juntos y les doy muchos besos y se van a la cama con su otra mamá  y yo me quedo "de este lado"... a veces ordeno, a veces leo, a veces vengo a la compu, a veces tejo... Si o sí, la una o la otra tratamos de dejar ordenado para el otro día y siempre le toca a la que esté menos cansada o necesite menos un tiempo de "despeje"...

Los fines de semana los pasamos siempre los cinco juntos y me encanta. No importa el plan. A veces nos quedamos, a veces vamos de visita o al teatro. Podemos ir a Temaikén o a otro lugar al aire libre. No importa, el plan es estar juntos y pasarla bien, aunque eso signifique no hacer nada de nada.

Así que aquí estamos. Nada de refinamientos. Básicos. Más básicos que nunca. Con mucho lugar para la acción y el sentir y mucho menos para el pensamiento. Y así, básica-mente, seguimos, muy felices.

martes, 24 de abril de 2012

De regreso...

Hace un tiempo que no escribo y razón hay para ello... Por un lado, he dejado un poco de frecuentar mi lista de lectura, que ya creo yo que es demasiado extensa y me lleva por demasiados caminos... He querido ponerme un poco a resguardo de mi cabeza y centrarme más en mi corazón, éste tiene más certezas...

Y mientras esto que les cuento me navega, decidí embarcarme a nuevas tierras... estoy explorando el mundo de las lanas, las agujas, los puntos al derecho y al revés, descifrando cómo pegar cuellos si no los tejiste de entrada e interpretando a las buenas y a las malas qué significa "a partir de allí, tejer separado"...

Y cómo es esto? Qué debo hacer? Pero si no dice en ningún lado cómo tejer "separado"? Y  no queda otra que seguir a la intuición y lanzarse con ella a la aventura: he decidido hacer "que tejía doble" y puse un ovillo nuevo para la parte del cuello que se estaba abriendo sin saber si luego tendría que desarmar y vuelta atrás... Y ha salido bien!!! Faltan detalles, veo los errores, pero estoy feliz y orgullosa, porque lo he hecho yo, porque lo he hecho con todo el amor del mundo y lo he hecho para mis hijos. Para uno de ellos el primero, claro, los otros dos vienen en camino y como cuando no sé cómo ser justa en los turnos sigo el orden de nacimiento, hice el primero para Nico.

Así que aquí estoy, ocupando en esto "mis tiempos libres" - huequitos hechos a empujones a costa de dormir menos horas-  y ahora vengo a compartirlo, porque me gusta, porque me hace bien la compañía y porque tengo ganas!

Gracias por esperarme. Gracias por darme este tiempo que necesitaba. Y bienvenidos todos nuevamente!

A ver que opinan de mi obra:


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