viernes, 11 de noviembre de 2011

Sacándolo todo afuera...

No miento si digo que hasta hace unos meses, cuando alguien me hacía comentarios acerca de lo difícil que debía ser criar tres niños de la misma edad, me costaba casi coincidir con quien hablaba. Me molestaba que lo vieran como algo pesado de llevar, que asumieran que nuestra vida era difícil y complicada por el hecho de tener trillizos. Y esto no tiene que ver con negar el cansancio al final del día, la impotencia por no poder tener a 3 a upa cuando deciden enfermarse a coro, la cantidad de tiempo que uno debe emplear para empezar a salir de casa... No se trata de eso. Simplemente que nuestra vida se llenó de tanto amor y tanta magia con su presencia, que siempre sentimos que lo estábamos llevando muy bien y que si, era trabajo, pero ni tanto ni tan pesado.
Creo que debe ser que todo se juntó: llegan los dos años y con ellos traen rebeldía, exploración sin límites, desafíos, berrinches, mordidas... Claro que también dicen "gracias mamá" al poner el postre delante. Y cantan precioso el Sapo Pepe de principio a fin. Y dan unos besos y unos abrazos hermosos. Pero cada semana hay que llamar a alguien para que arregle/ajuste/acomode algo que rompieron, descolgaron, desarmaron o que simplemente dejaron al descubierto los potenciales peligros para la existencia trilliza que uno no tenía en mente. Los pequeños momentos de juego solitario (o tranquilo entre ellos) que una usaba para revolver la sopa o centrifugar la ropa o tomar un merienda a escondidas para no tener que mojar 15 veces la galletita porque seca no es lo mismo... desaparecieron.
Será que volvieron a despertarse 3, 4, 5 o más veces de noche, reclamando chupetes, o mimos o mamaderas o vaya a saber uno qué y se enojan porque uno no entiende... Y que se levantan entre las 5 y las 6 y no hay forma de convencerlos que sólo los pajaritos se despiertan a esa hora un domingo.
Será que me tocaron un par de meses de trabajo que me exigieron de más y aunque eso ya pasó no logré recuperarme. Será que me agarré bronquitis 5 veces este año.
Será que siento que no tengo la ayuda que debería en casa y me refiero al tipo de ayuda por la que uno paga un sueldo mes a mes.
Será que las dos madres nos sentimos más o menos igual, por cosas más o menos parecidas.
Pero nunca me costó tanto trabajo ni me agotó tanto cuidar, criar, educar a estas tres personitas que amo con toda mi alma.
Y cuando viene alguien de afuera y me dice, como siempre "¡¿Cómo hacés?! ¡Cuánto trabajo!" y por primera vez contesto "Y sí, es mucho trabajo" no falta uno que no retruque "pero debe haber momentos maravillosos".... Pero claro!!! Por supuesto que los hay, dos o tres o diez por hora, son maravillosos... y me llenan el corazón de ternura y me inflan el pecho de orgullo... pero.... qué tiene que ver???? Estoy cansada, estoy estresada, y encima me siento mal y culpable por sentirme así. Muchos días siento que no lo hago bien, que tendría que mejorar esto y aquello, que si no quiero niños caprichosos debería hacer tal cosa o tal otra, que si los alimentos que elijo estarán bien, que por qué no comieron, que si la rutina o la no rutina que seguimos o intentamos seguir y muchas veces no nos sale será la correcta, que si de verdad estoy haciendo de ellos personitas felices...
Alguno de ustedes que me lee puede acaso imaginar que lo que estoy diciendo es que no soy feliz??? Porque si es así debo estar expresándolo muy mal. Y pregunto porque cada vez que digo que estoy cansada siento que el que me escucha me reprocha el quejarme por mi falta de felicidad y no, no es lo mismo. Soy inmensamente feliz, somos felices. Pero al menos yo, necesito más ayuda. Más compañía. Más abrazos. Más palabras de aliento. Que alguien que no espero que lo ofrezca me diga, "dejá, lo hago yo". Eso.
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