miércoles, 27 de julio de 2016

El barco en la botella y la hipótesis de Sofía

Hubo una vez en la que a una maestra de la escuela Andrade, donde fuimos mi hermano y yo de niños, se le ocurrió que era buena idea pedir como tarea para el hogar que trajéramos un barco dentro de una botella. Imagino ahora, que tengo niños que van a la escuela, lo felices que se habrán sentido los padres con el destello creativo de la "seño".

Algunas familias metieron barcos minúsculos en frascos de boca ancha, los que habrían sobrado de la última vez que hicieron conservas de tomate o dulce casero para el invierno.

Pero mi papá aceptó el desafío al pie de la letra y el pedido se transformó en una oportunidad de demostrar sus excelentísimas habilidades manuales y su ingenio, siendo el resultado final el que pueden apreciar aquí:


La imagen realmente no le hace el mérito debido, pero el barco en la botella de mi papá causó conmoción en la escuela, y seguro que al que le tocara la tarea, que a este altura de la historia creo que fue mi hermano- debió volver con un "muy bien 10 felicitado".

Pero esto no es más que el necesario prefacio para la historia que realmente les quería contar, que empieza ahora...

Hace poco más de un año, vinimos a Costa Rica por algunos meses y aquí seguimos -muy contentos. Por fortuna, podemos viajar a Argentina con cierta frecuencia y para las últimas vacaciones de mitad de periodo organizamos el viaje visitando una semana San Rafael, en Mendoza y otra semana -un poco repartida al inicio y fin del paseo-  Buenos Aires.

Hacía 3 años que no íbamos a mi tierra natal, la del buen sol y del buen vino, y esta vez los niños querían absorberlo todo, con una avidez asombrosa por llenarse de mi historia, que en definitiva también es parte de su propia historia. Querían conocer mi escuela, el parque donde jugaba, la casa de mis amigos, a mis compañeros de aula. La plaza San Martín, donde Sofía y yo, con treinta pico de años de diferencia, aprendimos a caminar. Desbordaban de emoción cuando les presenté a la señorita Irene, mi maestra de segundo. Es que lo que hace tres años no significaba nada ahora la tiene otro valor: ver como eran las cosas cuando mamá Eli era como soy yo, o algo así, imagino.

Quisieron leer mis cuentos y jugar con mis juegos de mesa. Pasaron hoja por hoja algunos cuadernos viejos, comentando los dibujos y las letras, parecían exploradores de un pasado remoto y  cercano a la vez, dispuestos a sorprenderse con cada detalle. Lo preguntaban todo y se adelantaban a imaginar respuestas antes de recibirlas, claro, como cualquier niño de seis años que se precie.

Y la cuestión de cómo pudo el abuelo Orlando meter el barco en la botella no quedó fuera de este esquema:

- Ya sé! ya sé! - enunció entusiasmada Sofía - Sé cómo lo hizo!
- Cómo? - preguntó mi mamá, su abuela, sin dejar de mirarla embelesada...
- Muy fácil. El abuelo conocía a un mago que era su amigo. Entonces después de construir el barco lo llamó por teléfono y le pidió que lo hiciera muy, pero muy, pero muy pequeñito. El mago, como era su amigo, le dijo "Claro!" y "abracadabra" y entonces... pasó eso.  Luego el abuelo metió el barco en la botella, le puso el corcho y volvió a llamar a su amigo, que volvió a decir "abracadabra" pero esta vez para agrandar el barco. El abuelo le dio las gracias.  Y así fue todo!

No puedo dejar de mirarla maravillada. Su carita reluce y sus ojitos brillan, su sonrisa se extiende  de este a oeste, segura de haber dado con la respuesta correcta. Está emocionada y salta y espera la validación de su abuela que duda y me mira y luego le dice que "puede ser, que es una muy buena idea de cómo fue todo"... Y termina la frase con una guiñada, por si las moscas...

Y allí los hermanos sugieren variantes, donde en realidad lo que hizo el mago fue reparar la botella  para que no se note que el abuelo la cortó al medio cuando tuvo que poner adentro el barco y así siguiendo...

Y yo no paro de sonreír. Siempre me pasa lo mismo. Cada vez que están en una determinada edad pienso que "esa" es la mejor etapa desde que los conozco. Cada vez. Amo y disfruto que hoy, la magia sea una opción válida cuando se trata de encontrar explicación a lo inexplicable, o al menos de lo que para ellos resulta inexplicable.

Sofía le prometió a Estefi que iba a escribir ella misma esta historia cuando le compartió su hipótesis unos días después. Pero por ahora, y para que sirva de ayuda memoria si pasa mucho tiempo hasta que decida hacerlo, vaya aquí mi versión de los hechos, compartida con ustedes.

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